miércoles, septiembre 9, 2026
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La Casa de los Perros | El sendero ya está marcado

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

No había pasto en el auditorio. Pero David Monreal sembró hierba en todo su discurso. La llevó desde el campo zacatecano del que dice venir hasta una elección que todavía no tiene candidatos, pero que ya empieza a tener relato.

“Cuando se pisa, la hierba se convierte en sendero”, dijo. Y quizá sin proponérselo -o quizá precisamente por eso- dejó ahí la imagen que mejor explica el verdadero propósito de su Quinto Informe.

Porque el gobernador no habló solamente de lo que hizo. Habló de lo que, según su lectura, debe continuar.

El discurso arrancó con una palabra que conviene no pasar por alto: “nosotros”.

“Hemos sabido permanecer unidos”, dijo. No era el plural administrativo de un gobierno que rinde cuentas. Era el plural de un movimiento al que situó tres décadas atrás, mucho antes de que él ocupara La Casa de los Perros.

El recurso es sencillo y políticamente eficaz: convertir una administración de seis años en un eslabón de una historia más larga.

Después llegaron las cifras. La deuda que, asegura, no contrató y que ha abonado con más de siete mil millones de pesos; el crecimiento de los ingresos propios; los kilómetros de carretera recuperados; los programas sociales; las inversiones en seguridad.

Y, finalmente, el dato que decidió colocar como pieza mayor: una reducción de más de 90 por ciento en los homicidios durante el sexenio, con una disminución de 96 por ciento en lo que va de 2026, según las cifras presentadas por nuestro todavía inquilino.

No hace falta comprar completo el relato oficial para reconocer la operación política.

David Monreal sabía que un informe puede terminar cuando se apagan las pantallas. Él decidió que el suyo comenzara precisamente entonces.

La parte decisiva llegó cuando dejó las cuentas y entró en el terreno electoral. No habló de candidatos. No podía hacerlo. Tampoco habló de una persona concreta. Habló de dos caminos.

“Más allá de nombres, siglas, colores o género”, planteó, la decisión será entre dos visiones, dos proyectos o dos destinos.

Y entonces formuló la pregunta que contiene todo el mensaje: ¿queremos regresar al Zacatecas de la corrupción, el endeudamiento y la violencia, o queremos que continúe la transformación?

Ahí estuvo la verdadera pieza política de la tarde.

El gobernador está intentando que la sucesión de 2027 no sea discutida, al menos de entrada, como una competencia entre personas. Quiere convertirla en una elección sobre continuidad.

Es una diferencia enorme.

Porque un candidato puede ser sustituido. Un relato político, si logra arraigar, puede sobrevivir a quien lo construyó.

Por eso también resulta significativo que David Monreal no pidiera respaldar a un nombre. Pidió refrendar un movimiento. No dijo quién deberá ocupar la silla que dejará vacía. Dijo que, a su juicio, debería permanecer en ella.

Y ahí la metáfora de la hierba vuelve a aparecer.

El sendero, explicó, no comenzó hace cinco años. Se construyó durante décadas, caminando comunidades, municipios y regiones.

El pueblo -en su relato- entregó después la responsabilidad de convertir esa lucha en gobierno.

La consecuencia política es evidente: si el sendero tiene décadas, el relevo de 2027 no tendría que significar un cambio de ruta. Ese es el mensaje.

No es una invitación a admirar al gobernador. Tampoco necesita serlo. David Monreal hizo algo más inteligente: colocó su administración dentro de una historia colectiva y dejó que las cifras funcionaran como argumentos de esa historia.

Incluso reconoció, hacia el final, que hay pendientes, comunidades que necesitan apoyo, carreteras por recuperar, familias que esperan mejores servicios y jóvenes que reclaman oportunidades.

Esa concesión también importa. Le permite presentar la continuidad no como una celebración de lo terminado, sino como una tarea inconclusa.

Y entonces llega el cierre: “Sigamos adelante”, dice.

No hay nombre. No hay candidato. No hay fotografía de sucesor.

Hay pueblo, hay historia, hay futuro. Hay paz, bienestar, progreso y honestidad. Y hay, sobre todo, una advertencia: cuando un pueblo recupera la confianza, la tranquilidad y la esperanza, no debería existir fuerza capaz de detener o dar marcha atrás a su transformación.

Eso fue lo que David Monreal quiso dejar sobre la mesa. No un heredero. Un camino.

Ahora falta saber quién caminará por él, quién intentará desviarlo y, sobre todo, si en 2027 el pueblo reconocerá como suyo el sendero que hoy el gobernador dice haber trazado.

Porque la hierba puede convertirse en camino cuando se pisa.

Pero ningún sendero pertenece para siempre a quien lo abrió.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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