JUAN DEL REAL
Un informe de gobierno debería servir para rendir cuentas, reconocer avances y, sobre todo, explicar a los ciudadanos qué se ha hecho para mejorar su vida. Sin embargo, cuando el discurso oficial presume paz, bienestar y progreso, pero la realidad cotidiana cuenta una historia distinta, corresponde preguntar: ¿a quién se está gobernando y desde qué realidad se está informando?
En Zacatecas, el contraste resulta evidente. Mientras el gobernador David Monreal presume el regreso de la paz, hechos como la explosión de un coche bomba en instalaciones de la Policía Municipal de Ojocaliente obligan a cuestionar qué significa realmente vivir en un estado seguro. La seguridad no puede medirse únicamente en discursos o estadísticas; se mide en la tranquilidad con la que una familia sale de casa y regresa a ella.
En materia de salud ocurre algo similar. El informe puede hablar de logros, pero si uno de cada cinco zacatecanos enfrenta problemas para recibir sus medicamentos, el bienestar sigue siendo una promesa pendiente.
Y están también las carreteras. Se prometió que este sería el sexenio de las carreteras, pero el abandono y las condiciones de inseguridad siguen formando parte del paisaje cotidiano de muchas comunidades.
Finalmente, queda la pregunta que difícilmente puede responderse con propaganda: ¿dónde están los empleos, las oportunidades y el crecimiento económico que se prometieron?
Zacatecas no necesita un gobierno que maquille sus problemas. Necesita resultados que puedan sentirse en las calles, en los hospitales, en las carreteras y en los bolsillos de las familias.
Porque entre el Zacatecas que se presume desde el poder y el Zacatecas que viven diariamente sus habitantes existe una distancia que ningún informe puede ocultar.
Sobre la Firma
Jurista, académico y dirigente de Movimiento Ciudadano.
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