viernes, agosto 28, 2026
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La Casa de los Perros | La encuesta ya toca la puerta

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

En Zacatecas, los teléfonos van a sonar este fin de semana. No serán llamadas inocentes. Detrás de cada pregunta habrá una batalla que lleva meses caminando por carreteras, plazas, oficinas y redes sociales: quién tiene más nombre, quién despierta más confianza, quién puede juntar votos y, sobre todo, quién será capaz de cargar con la candidatura de Morena y sus aliados para 2027.

Morena ya levantó el telón en Aguascalientes, Campeche y Colima. El martes presentó a Nora Ruvalcaba, Pablo Gutiérrez Lazarus y Rosa Bayardo como sus primeros coordinadores estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. El partido dijo que fueron los mejores posicionados en sus encuestas, aunque los resultados no se hicieron públicos.

El dato importa por una razón sencilla: en Zacatecas todavía no hay fotografía oficial. Hay siete rostros, muchas versiones y una encuesta que, según lo que se ha conocido en las últimas horas, se levantaría este fin de semana para comenzar a cerrar la puerta.

Son siete: Ulises Mejía Haro, Verónica Díaz Robles, José Narro Céspedes, Julia Olguín Serna, Zaira Villagrana Escareño, Geovanna Bañuelos y Carlos Puente Salas. Morena tiene cinco cartas; PT y Verde, una cada uno. El mecanismo anunciado desde el principio fue la encuesta.

Pero hay algo más. Los aliados dejaron de ser simples acompañantes.

El PT ya puso sobre la mesa a Geovanna Bañuelos. El Verde observa sus propios números. A nivel nacional, ambos partidos han comenzado a calcular cuánto vale su fuerza cuando dejan de caminar detrás de Morena.

La vieja fórmula -Morena decide y los demás acompañan- empieza a resultar demasiado pequeña para partidos que quieren llegar a 2030 con más territorio y más capacidad de negociación.

Zacatecas, por eso, no será solamente una encuesta sobre personas. Será también una negociación sobre fuerzas.

En ese escenario aparece la encuesta nacional de ALIUS, levantada entre el 18 y el 22 de agosto, que coloca a Ulises Mejía Haro primero en opinión, honestidad, cercanía, conocimiento del estado, cumplimiento, disposición a votar y preferencia como abanderado de la coalición. Reporta, entre otros datos, 22.3 por ciento en preferencia y un saldo de +28.1 en conocimiento del estado.

Pero la fotografía completa tiene más rostros. En agosto, detrás de Mejía Haro aparece un bloque mucho más cerrado: Geovanna Bañuelos registra 21.3 por ciento; Verónica Díaz Robles, 20.8; y José Narro Céspedes, 19 por ciento. Las diferencias caben dentro del margen de error, por lo que sería apresurado convertir ese segundo lugar en una posición definitiva. Geovanna y Verónica, además, llegan con capital político propio y estructuras que no nacieron ayer. Carlos Puente Salas, con 15.7 por ciento, se mantiene debajo de ese bloque, pero conserva una presencia relevante, particularmente porque representa al Verde en una negociación donde los aliados de Morena han comenzado a calcular cuánto vale cada uno por sí mismo.

Más abajo aparecen Zaira Villagrana Escareño, con 4.3 por ciento, y Julia Olguín Serna, alrededor de 3 por ciento. Son números todavía pequeños y, en el caso de Zaira, con una exposición más reciente en las mediciones, por lo que cualquier lectura tendría que hacerse con cautela. La conclusión, entonces, no es que la carrera esté resuelta, sino que hay una punta clara y un pelotón que todavía puede disputar el lugar detrás de ella. Y entre ese pelotón, Geovanna, Verónica y Carlos representan tres fuerzas distintas —PT, Morena y Verde— que hacen de esta encuesta algo más que una competencia de nombres: también es un mapa de poder dentro de la alianza.

Los números son interesantes. La ficha metodológica también: mil 500 entrevistas telefónicas, realizadas en los tres municipios más poblados, con margen de error de ±4.38 por ciento y 95 por ciento de confianza. Pero una encuesta es una fotografía. No es el destino.

Y aquí conviene recordar algo que Morena acaba de enseñarnos en el plano nacional. La dirigencia puede decir que ganó el mejor posicionado, pero mientras los resultados permanezcan bajo llave, el ciudadano sólo recibe el nombre del vencedor y debe confiar en que detrás hubo una medición limpia.

En Aguascalientes, Campeche, Colima Querétaro y Sinaloa ocurrió exactamente eso: se anunciaron los nombres, pero no se transparentaron públicamente los sondeos.

Por eso, en Zacatecas, las próximas horas tendrán algo de sala de espera.

Los aspirantes ya hicieron campaña sin llamarla campaña. Recorrieron el estado, hablaron con estructuras y fueron midiendo afectos por el camino, armando equipos, mostrando músculo donde podían. Algunos llevan años construyendo territorio; otros llegan con apellido, cargo o partido detrás. Todos, de un modo u otro, terminan en la misma puerta.

Y detrás de esa puerta hay una pregunta que no cabe en un boletín: ¿quién puede ganar?

No quién tiene más fotografías, ni quién llena más salones. Tampoco quién produce más comunicados o acumula más amigos en la dirigencia nacional. Entonces ¿quién puede ganar?

Porque la coordinación será, en los hechos, el primer nombre de la boleta de 2027, aunque jurídicamente todavía no lo sea. Y porque el proceso electoral formal arrancará el 10 de septiembre, según el calendario del INE.

Zacatecas está a punto de conocer algo más que un ganador interno: qué grupo pesará más, qué partido gana terreno y bajo qué lógica se decidirá la siguiente sucesión.

Este fin de semana hablarán los encuestados. Después hablarán los dirigentes.

Y entonces comenzará la parte verdaderamente difícil: convencer a los que no fueron llamados por teléfono. Porque una encuesta puede escoger un candidato. Sólo el voto puede convertirlo en gobernador.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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