TANIA LIBERTAD SÁNCHEZ ROMERO
Hablar de salud mental en las juventudes es hablar de derechos, de bienestar y de las condiciones que necesitamos construir para que las nuevas generaciones puedan desarrollarse plenamente. No se trata de considerar los problemas emocionales como una debilidad o como una responsabilidad individual. La salud mental forma parte del bienestar integral y, por ello, su atención debe estar al alcance de todas y todos, sin restricciones económicas, sociales, culturales o de cualquier otra naturaleza.
Los jóvenes enfrentan actualmente múltiples situaciones que pueden afectar su bienestar emocional: presión académica, dificultades familiares, problemas económicos, violencia, discriminación, incertidumbre sobre el futuro, conflictos en sus relaciones y una exposición constante a las redes sociales. No todas estas experiencias producen necesariamente un problema de salud mental, pero sí pueden generar condiciones de estrés, ansiedad, aislamiento o desánimo que requieren ser escuchadas y atendidas oportunamente.
Por ello, resulta fundamental dejar atrás la idea de que pedir ayuda significa estar mal o ser incapaz de resolver los problemas. Buscar acompañamiento profesional es una expresión de responsabilidad y autocuidado. La sociedad, las instituciones educativas y las familias tenemos la responsabilidad de generar espacios donde las juventudes puedan hablar de lo que sienten sin miedo a ser juzgadas, señaladas o estigmatizadas.
Garantizar el acceso a servicios de salud mental también implica reconocer las desigualdades que existen. No basta con que los servicios estén disponibles; deben ser accesibles, oportunos, de calidad, confidenciales y sensibles a las distintas realidades de las juventudes. Ninguna persona debería dejar de recibir atención porque no puede pagarla, porque vive lejos de un servicio especializado o porque teme ser discriminada.
Las instituciones educativas tienen un papel especialmente importante. La escuela puede convertirse en un espacio de prevención, detección temprana, orientación y acompañamiento, siempre respetando los límites de su función y canalizando a servicios especializados cuando sea necesario.
Cuidar la salud mental de las juventudes no es un acto de concesión: es una responsabilidad y un derecho. Apostar por ella significa construir comunidades donde pedir ayuda sea posible, hablar sea seguro y recibir atención no sea un privilegio, sino una posibilidad real para todos.
Sobre la Firma
Médica y académica, actualmente dirige la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ
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