RAFAEL CANDELAS SALINAS
Nuestra generación creció con una idea muy sencilla:
“Estudia, prepárate, trabaja duro y tendrás una vida mejor que la de tus padres.”
Una idea que muchos de nosotros replicamos a nuestros hijos.
Hace unos días conocí a un joven al que hoy llamaremos: “Daniel”.
Daniel tiene 24 años, terminó la universidad, habla inglés, domina herramientas tecnológicas mejor que muchos, trabaja ocho horas al día y los fines de semana maneja el auto de su mamá como Uber para completar el gasto, no cambia de celular cada año, no vive de fiesta, no espera hacerse millonario de la noche a la mañana, y aun así, sabe que comprar una casa hoy parece un sueño imposible.
Daniel quiere independizarse y formar una familia, no lo hace no porque no quiera, sino porque no le alcanza.
A Daniel le prometieron lo mismo que a miles de jóvenes en el país, que si estudiaba, se preparaba y trabajaba duro, el futuro llegaría solo.
Durante mucho tiempo esa promesa funcionó. Nuestros padres estudiaron, consiguieron un empleo, compraron una casa, formaron una familia y, con esfuerzo, construyeron un patrimonio. No fue sencillo, pero era posible.
Hoy las reglas del juego han cambiado. Nunca hubo tantos jóvenes preparados, nunca hubo tanta tecnología, nunca hubo tanta información, nunca hubo tantas oportunidades para aprender y, paradójicamente, nunca había sido tan difícil construir un proyecto de vida.
Nunca hubo tantas carreras universitarias… y tantos profesionistas trabajando en algo completamente distinto.
Nunca fue tan fácil hablar con alguien del otro lado del mundo… y nunca fue tan difícil encontrar un empleo que permita hacer planes.
Nunca hubo tantas formas de trabajar… y nunca fue tan complicado conseguir un primer empleo.
Porque todos piden experiencia, pero nadie quiere darte la primera oportunidad, y cuando finalmente llega, muchas veces el sueldo apenas alcanza para sobrevivir.
Nos gusta decir que los jóvenes ya no quieren independizarse.
¿Y si la pregunta fuera otra?
¿Con qué salario?
Durante años nos vendieron el sueño de la casa propia pero hoy muchos jóvenes ya ni siquiera aspiran a una casa grande. Se conformarían con una vivienda digna, con un espacio donde puedan empezar una vida, no una vida adaptándose al tamaño de una casa.
Mientras tanto, miles hacen algo que nunca imaginaron, empacan una maleta no porque quieran abandonar México, sino porque sienten que, en otro lugar, su talento vale más.
Nadie abandona su país por gusto, pero cada año se van miles de mexicanos a buscar un mejor futuro en otras latitudes, y ya no solo se van meseros, albañiles o trabajadores de limpieza, se van maestros, ingenieros, médicos, científicos, investigadores, deportistas, programadores y emprendedores.
No buscan un país perfecto, buscan un país donde el esfuerzo vuelva a tener recompensa.
Y eso duele, porque formar a un profesionista requiere años de sacrificio familiar y cuando llega el momento despegar, despegan a otro país.
No, esta no es la generación de cristal, es la generación que sobrevivió a una pandemia, la que estudió frente a una pantalla, la que compite con la inteligencia artificial, la que enfrenta rentas imposibles, la que vive con la incertidumbre de un mercado laboral que cambia todos los días, la que piensa dos veces antes de tener hijos, la que ve cómo el patrimonio que sus padres construyeron se diluye entre colegiaturas y servicios médicos.
Una nueva generación que pese a todo se levanta, trabaja, estudia, emprende y lo vuelve a intentar.
Una generación que se frustra al ver que mientras unos estudian, se preparan y se esfuerzan cada día, ven como los que llegan no son los mejores sino los que cumplen la premisa oficialista de 90% lealtad y 10% capacidad.
Tal vez el problema nunca fue que nuestros jóvenes dejaran de creer en el esfuerzo.
Tal vez el problema es que nosotros dejamos de construir un país donde el esfuerzo vuelva a valer la pena.
Y mientras muchos siguen preocupados por ver quiénes serán los próximos candidatos, Daniel sólo quiere saber si algún día podrá comprar una casa, formar una familia y vivir con la tranquilidad de que su trabajo le permitirá salir adelante.
Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.
Sobre la Firma
Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
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