lunes, junio 29, 2026
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La Casa de los Perros | El manual del aplauso

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

Un partido que nació prometiendo sacudir al sistema terminó repartiendo instructivos para aprender a aplaudir. La revolución, al parecer, también necesita manual de usuario. Y hasta hashtags.

Con el cierre del registro para las Coordinaciones Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, Morena dio por concluida la primera estación de una carrera que, en Zacatecas, se parece menos a una competencia entre adversarios que a una partida de ajedrez donde todos juran defender el mismo rey.

Fueron 277 aspirantes en 17 estados; 123 acudieron al World Trade Center de la Ciudad de México y 154 optaron por el registro digital.

Todos firmaron la misma promesa: respetar las reglas, aceptar la paridad, someterse a las encuestas y declarar que no cargan antecedentes judiciales ni deudas alimentarias. La liturgia quedó completa.

En Zacatecas la fotografía es conocida. Siete nombres. Siete ambiciones. Siete maneras distintas de contar la misma historia.

Ahí está Verónica Díaz Robles, convencida de que el músculo territorial será la llave del proceso. Su apuesta es caminar los 58 municipios, hablar de soberanía y recordar que, dice ella, es tiempo de las mujeres.

Aparece Ulises Mejía Haro, respaldado por una trayectoria que presume resultados electorales, formación académica y una intensa agenda territorial construida durante años. Su mensaje insiste en que el proyecto debe colocarse por encima de los egos. Una frase sencilla. Difícil de practicar cuando todos buscan la misma candidatura.

La senadora Geovanna Bañuelos intenta colocar al Partido del Trabajo como algo más que un aliado electoral. Habla de justicia social, migrantes y colectivos de búsqueda. Busca que el PT tenga voz propia dentro de una coalición donde, muchas veces, las voces pequeñas terminan convertidas en eco.

Desde el Partido Verde levanta la mano Carlos Puente Salas, quizá el único que ha decidido hablar más de economía que de consignas. Industrializar Zacatecas, reducir la dependencia de la Federación y dejar de vivir esperando participaciones. Una narrativa distinta en medio de un concurso donde casi todos compiten por demostrar quién abraza con más fuerza el mismo libreto.

La diputada Julia Olguín Serna insiste en la cohesión interna. Tiene razón en algo: ninguna encuesta alcanza para remendar un partido fracturado. La unidad no se decreta. Se construye. O se simula.

También figura José Narro Céspedes, viejo militante de la izquierda, que propone unidad mientras anuncia una mesa de diálogo entre los propios aspirantes. Su discurso recupera la épica del movimiento, las caminatas casa por casa y la lealtad de décadas.

La pregunta inevitable es si en Morena todavía caben las mesas cuando ya comenzaron a repartirse las sillas.

Y completa la lista Zaira Villagrana Escareño, exsecretaria de las Mujeres, quien decidió entrar a una competencia donde el mayor desafío quizá no sea convencer al electorado, sino hacerse visible entre figuras con años de exposición pública.

Hasta aquí, la política.

Pero luego aparece el manual.

Morena no sólo definió reglas para competir. También entregó una guía que baja hasta los detalles más pequeños. Ordena registrar a cada asistente con nombre, firma y clave de elector; documentar las reuniones con fotografías y videos.

Y va más allá, se debe publicar durante la asamblea utilizando obligatoriamente el hashtag #PortaDefensaDelaSoberanía; etiquetar las cuentas oficiales del movimiento; replicar publicaciones de otros organizadores mediante “me gusta”, comentarios y compartidos, e incluso ofrece “machotes” para uniformar los mensajes en redes sociales.

La soberanía también tiene algoritmo: la plaza pública conserva el micrófono, pero la conversación viaja con hashtag, etiquetas y libreto.

Incluso el diálogo con la ciudadanía llega parcialmente diseñado. La guía propone recurrir a la técnica Vox Populi mediante preguntas previamente establecidas: “¿Qué significa para ti ser mexicano?”, “¿Crees que una invasión puede traer democracia o paz?” o “¿Qué estrategias propones para combatir la maquinaria de desinformación de los medios?”.

Al concluir, recomienda cerrar con consignas igualmente definidas: “¡Sí a la autodeterminación de los pueblos!” y “¡México es libre, digno y soberano!”.

La disciplina fortalece cualquier organización; el riesgo aparece cuando el libreto termina sustituyendo a la conversación y la participación ciudadana comienza a parecer un acto cuidadosamente coreografiado.

No hay ilegalidad en ello. Pero sí un síntoma.

Cuando un partido necesita decirles a sus cuadros cómo hablar, cuándo publicar, qué etiqueta usar y hasta cómo cerrar una reunión, el mensaje deja de pertenecer a quienes lo pronuncian. Se convierte en una franquicia.

La verdadera encuesta no ocurrirá en los documentos entregados a la Secretaría de Organización ni en las listas con claves de elector recopiladas durante las asambleas. Ocurrirá en la calle, donde ningún manual alcanza para fabricar entusiasmo y ninguna guía digital sustituye la confianza.

Los siete aspirantes comienzan ahora la etapa decisiva. Caminarán colonias, recorrerán comunidades y repetirán que la unidad es indispensable. Algunos llegarán con estructura. Otros con historia. Otros con encuestas. Todos con esperanza.

Pero existe un detalle que ningún instructivo puede resolver. Las campañas pueden organizarse desde un escritorio. La credibilidad, nunca.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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