JUAN DEL REAL
La política vive una crisis de credibilidad que no se resuelve con discursos, sino con coherencia. Hoy, la ciudadanía observa con desconfianza a partidos que prometen cambio, pero actúan bajo las mismas prácticas de siempre. En ese contexto, la congruencia entre lo que se dice, se propone y se hace no es un valor deseable: es una condición indispensable para recuperar la confianza pública.
Cuando un partido mantiene alineadas sus ideas con sus acciones, construye consistencia. Y la consistencia, en política, se traduce en credibilidad. Por el contrario, la incongruencia —tan frecuente en los partidos tradicionales— es una de las principales causas de la desaprobación ciudadana. No basta con posicionarse como oposición; es necesario demostrar que se es una alternativa real.
En ese terreno, Movimiento Ciudadano ha optado por una ruta distinta: no ser una oposición reactiva, sino propositiva. Impulsar una agenda propia habla de identidad y visión de futuro. Ejemplos claros son el Sistema Nacional de Cuidados, la llamada “Ley Silla”, la reducción de la jornada laboral y una reforma electoral más justa y austera. Estas propuestas no solo responden a demandas sociales, sino que reflejan una línea de acción coherente con un proyecto político.
Ser oposición no significa estar en contra de todo. La oposición sistemática, sin propuestas, termina vacía de contenido y desconectada de la ciudadanía. México no necesita más confrontación estéril, sino alternativas viables. Tampoco se trata de alinearse con el oficialismo ni de regresar a esquemas del pasado representados por partidos como Morena o el Partido Revolucionario Institucional.
La coherencia es, en última instancia, lo que distingue a un proyecto serio de uno improvisado. Y en un país que exige resultados, esa coherencia puede ser el punto de partida para construir una verdadera alternativa de futuro.
Sobre la Firma
Jurista, académico y dirigente de Movimiento Ciudadano.
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