martes, abril 7, 2026
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Zacatecas camina en silencio

Zacatecas, Zac.- Bajo la luz tenue de las velas y el eco grave de los tambores, Zacatecas volvió a detener el paso. Esta noche de Viernes Santo, las calles de cantera rosa dejaron de ser solo un corredor turístico para convertirse, una vez más, en un espacio de duelo, fe y memoria compartida.

La Procesión del Silencio se ha consolidado como una de las expresiones religiosas y culturales más profundas de México. Sus raíces se remontan a los últimos años del siglo XVI, lo que la coloca entre las manifestaciones de fe más antiguas del país. No se trata únicamente de una tradición litúrgica: es también una forma de identidad colectiva que ha resistido al tiempo y que hoy forma parte del patrimonio vivo de Zacatecas.

En esta edición 2026, la capital zacatecana —declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad— volvió a ser escenario de esta ceremonia que conmemora la pasión y muerte de Cristo, así como el dolor de la Virgen María. Integrada al Festival Cultural, la procesión reunió a cientos de personas en un acto que unió devoción, historia y comunidad.

De acuerdo con información compartida por la Diócesis de Zacatecas, en esta ocasión participaron alrededor de 700 personas, organizadas en distintas cofradías y templos de la ciudad. El contingente avanzó con una sobriedad conmovedora: damas vestidas de negro, hombres con el rostro cubierto por capuchas, túnicas blancas, moradas y oscuras, además de estandartes, cirios y antorchas que reforzaron el carácter solemne del recorrido.

Uno de los momentos más significativos fue el paso de las 12 imágenes religiosas de gran valor histórico y artístico, entre ellas figuras como Jesús Nazareno y Nuestro Padre Jesús. Algunas de estas piezas superan los dos siglos de antigüedad y solo abandonan sus templos una vez al año, para encontrarse con el pueblo en esta noche de recogimiento.

El recorrido inició poco después de las ocho de la noche y avanzó por algunas de las calles más emblemáticas del Centro Histórico: Juan de Tolosa, Genaro Codina, Fernando Villalpando, Juárez y Avenida Hidalgo. A lo largo del trayecto, el silencio fue el verdadero protagonista. Un silencio espeso, reverente, apenas interrumpido por el redoble de los tambores y por el murmullo emocional de quienes observaban el paso de las imágenes desde las banquetas.

La procesión concluyó en el corazón de la ciudad, entre la Catedral Basílica y la Plaza de Armas, donde se realizó la bendición final ante una multitud que acompañó con respeto cada momento de la marcha. Más que un cierre, fue una pausa compartida. Un instante en el que la ciudad pareció recordar que también se puede hablar desde el silencio.

Además de su profundo significado religioso, la Procesión del Silencio representa un importante atractivo cultural y turístico para Zacatecas. Miles de personas, locales y visitantes, se congregan cada año para presenciar este acto que combina espiritualidad, arte sacro y tradición popular. En ediciones recientes, las autoridades han destacado saldos favorables en materia de seguridad y organización, lo que ha permitido que esta celebración se viva en un ambiente de orden y respeto.

Pero para quienes participan, el sentido de la noche va mucho más allá de lo escénico. Algunos avanzan descalzos, otros cargan promesas, otros simplemente caminan con la memoria a cuestas. En cada paso hay una historia íntima, una súplica, un duelo, una gratitud.

La Procesión del Silencio no es un hecho aislado, sino el corazón de un entramado mayor de tradiciones de Semana Santa que se extiende por Zacatecas y municipios cercanos. Sin embargo, pocas expresiones condensan con tanta fuerza el peso de la historia y la persistencia de la fe popular.

En tiempos de ruido, Zacatecas volvió a recordar que hay silencios que también rezan.

LNY | Redacción

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