CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
La primera lectura de la encuesta no está adentro de Morena. Está enfrente. Si hoy PRI y PAN caminaran juntos en la capital, dejarían de ser oposición testimonial para convertirse en competencia real: suman 38.8% contra 32.1% de Morena. Son 6.7 puntos de diferencia, por encima del margen de error del estudio.
Dicho simple: el oficialismo sigue al frente como marca individual, pero deja de dominar cuando la elección se mira por bloques. Y en una ciudad como Zacatecas, donde las elecciones se ganan más por acumulación que por épica, ese dato cambia la conversación.
Ese es el hallazgo principal. El segundo, ligado al primero, está dentro de Morena: Rodrigo Reyes Mugüerza aparece como el nombre que mejor capitaliza la fuerza de la sigla. No arrasa, no despega solo, pero se consolida.
En una interna todavía abierta, su 14.5% lo pone arriba de Diego Girón (12.7%) y Belén Gutiérrez Luévano (12.0%). La distancia es corta, sí. Pero en procesos de este tipo, donde nadie se fuga, liderar también es una forma de ordenar. Y hoy, dentro del oficialismo local, es el dirigente que más claramente empieza a instalarse en la conversación sucesoria.
Recién después conviene mirar cómo está hecha la medición. Massive Caller levantó 600 encuestas en el municipio de Zacatecas, con corte al 29 de marzo de 2026. El margen de error reportado es de +/- 4.3%. La técnica fue automatizada: grabaciones enviadas a hogares para que el propio entrevistado respondiera.
Hay un dato metodológico que no se puede barrer bajo la alfombra: la tasa de rechazo fue del 95%. No invalida por sí sola el estudio, pero obliga a leerlo con cuidado. No es una fotografía perfecta del electorado. Es una señal útil, sí, aunque más adecuada para detectar tendencias y relaciones de fuerza que para sobreactuar diferencias finas.
Y aun con ese cuidado, la encuesta deja un mapa nítido. Morena encabeza con 32.1%, el PAN aparece segundo con 22.4% y el PRI tercero con 16.4%. Los indecisos llegan a 12.8%. Si la oposición compitiera dividida, el oficialismo conservaría una ventaja clara. Pero si PAN y PRI logran una oferta común, la capital se vuelve competitiva de inmediato. No porque alguno de los dos esté fuerte por sí solo, sino porque la suma corrige su debilidad individual. La encuesta, en ese punto, no habla de entusiasmo opositor. Habla de aritmética electoral. Y en política, la aritmética suele ser menos romántica y más decisiva.
La otra cuenta, la más incómoda para la oposición, es la del oficialismo ampliado. Morena solo tiene 32.1%. Pero si se proyecta el escenario habitual de alianza con el PVEM y el PT, la conversación cambia otra vez.
No porque el estudio mida de forma directa esa boleta consolidada, sino porque el antecedente competitivo reciente en Zacatecas muestra que ese bloque suele comportarse como una coalición funcional.
Si Morena logra conservar esa alianza, PRI y PAN necesitarían no sólo ir juntos, sino además transferirse voto de manera casi completa y sostener una campaña sin fugas.
Si no hay Verde ni PT en la ecuación, en cambio, la contienda se aprieta y la oposición entra al terreno donde ya no alcanza con resistir: puede disputar. La encuesta no prueba que el frente opositor ganaría. Pero sí muestra que, sin aliados, Morena deja de ser invulnerable.
En esa lectura también aparece un problema de encuadre para Massive Caller. La firma sigue midiendo a Miguel Ángel Varela Pinedo en clave de reelección municipal cuando su horizonte político está, según su propio movimiento, más cerca de la gubernatura que del ayuntamiento. Ese corrimiento importa porque distorsiona la foto local.
Aun así, el dato que arroja sobre Varela es políticamente relevante: 57.7% de respaldo entre votantes de su partido, pero 56.1% de rechazo a su reelección en la población general. Es decir, conserva núcleo, pero no expande. Tiene base, pero no mayoría. Y en elecciones ejecutivas, ese techo suele pesar más que el piso.
Ahí es donde conviene mirar a Noemí Luna y Raymundo Moreno. No necesariamente como candidaturas cerradas, sino como nombres mejor alineados con una lógica de reposicionamiento opositor más amplia. Si el PAN quiere discutir poder real y no sólo administrar presencia, necesita perfiles que no queden atrapados en la lectura municipal de Varela.
También hay una señal para Movimiento Ciudadano. Aunque hoy no aparece en la zona de competencia principal, su eventual papel no es menor: en una elección que puede cerrarse por bloques, un candidato como Juan del Real podría funcionar menos como favorito aislado y más como factor de dispersión o bisagra. No le alcanza, por ahora, para romper la polarización entre Morena y una eventual alianza opositora, pero sí para capturar voto urbano suelto, inconforme o no alineado, ese que en la capital suele no hacer ruido… hasta que aparece en las urnas.
La encuesta, sin decirlo, sugiere eso: el capital opositor existe más como bloque que como figura única. Y cuando pasa eso, la selección del nombre importa tanto como la alianza que lo sostiene.
Rodrigo sí muestra una tendencia favorable. Venía de 11.4% y ahora sube a 14.5%. No es un salto espectacular, pero sí una recuperación visible. Más aún en una interna donde la mayoría todavía no se ordena. En encuestas de este tipo, subir sin que nadie se derrumbe alrededor suele ser una señal de instalación progresiva.
No garantiza candidatura. Pero lo vuelve, por ahora, el nombre más funcional para una marca que sigue fuerte, aunque todavía no resuelva quién la encarna.
Eso, en el fondo, es lo que deja esta medición. No una sentencia. Un problema para cada bloque. La oposición ya tiene una suma competitiva, pero todavía no una síntesis política. Morena conserva la marca más robusta, pero aún no termina de producir un liderazgo nítido. Y entre ambas cosas, la capital empieza a parecerse menos a un trámite y más a una disputa.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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