Un jesuita, el Papa México 

JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX
Como Juan anda por su casa, el Papa Francisco definió la fecha de su arribo, tomó la decisión de los sectores y los lugares que él quiere visitar, ha modificado su agenda en varias ocasiones. De México le importan los indios de Chiapas, los migrantes de la frontera, la Virgen de Guadalupe, los que conviven con los narcos en Michoacán, la alta jerarquía romana en México que verá en la Catedral metropolitana. Al gobierno ni lo verá ni lo oirá: le dará la pasadita formal de rigor. Ahora incorpora Ecatepec en su visita, el municipio más poblado y marginal del país.
Invitadores tuvo cientos: desde el Presidente de la República. A todos les sonrió pero a nadie le confirmó. Es un papa que, sin bien acata normas, las normas las pone él. Los diputados, los senadores, los empresarios: todos los que se deshacían por una foto en México con él, fueron evadidos. Él va con los pueblos buscando escenarios para un gran discurso mundial, como los de Cuba o los Estados Unidos.

El jesuita parece no tener marca: ni Ford, ni Chevrolet ni Hewllet Packard. El tiene su destino en sus manos. Tiene sus concepciones de igualdad y diferencias. Habla con libertad sobre el divorcio, sobre la homosexualidad… hasta de los muertos de Ayotzinapan y sin importarle el territorio, siempre tira un golpe certero contra los poderosos e incita a los marginados a la rebelión de las conciencias.

El argentino convulsiona el mundo de la Iglesia. Sabe que la aristocracia eclesiástica se alquila a los poderosos pero él los reta. Conoce su mente y su cuerpo. Sabe cuál es su vida útil, pero también conoce los peligros que corre en su propia casa. Identifica hasta dónde sus fuerzas darán de sí.

Es un papa relevante en la historia. Sin embargo, en 2000 años no es nada: cientos de pontífices han pululado en la organización más antigua y aceitada entre las instituciones mundiales. Hay poca relevancia por la pequeña permanencia en el poder, y porque la inteligencia religiosa ha estado colmada de hombres grandes pero también pequeños.

Bergoglio viene a México a darle un “estate quieto” al gobierno. Quiere un micrófono del tamaño del zócalo, de Ecatepec o de una frontera. Le interesan los migrantes, los indios o los antiguos pochos.

Don francisco, bienvenido sea con su revolución y su “raid matabichos” contra los poderosos de la tierra. México vive una de sus peores etapas de la época postrevolucionaria,. Hoy, esta nación que siempre tuvo rumbo, lo ha perdido. Los antiguos guerrilleros se vistieron de esmoquin y han lucido mal en las fotos y en el gobierno. Existe un pueblo con una gran historia, un pobre presente y un escaso futuro, Así encontrará esta patria nuestra, donde Zapata, Villa, Madero, Obregón, Carranza y hasta Colosio tiene su lugar –que no los méritos- todos compañeros de panteón, asesinados por una banda donde ellos eran de los mismos.

México, con sus jóvenes volverá a encontrar la brújula de la Historia, para bien del lugar que nos corresponde en el concierto de las naciones.

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