RAYMUNDO MORENO ROMERO
Zacatecas no está inmerso en una crisis coyuntural, temporal, consecuencia de vaivenes internacionales fuera de nuestro alcance. Zacatecas está detenido, sus motores económicos están frenados y parece que la mera supervivencia es la meta cotidiana de muchísimas familias.
La normalización de la precariedad es lo más grave, que nuestra gente asuma como destino inalterable tanto el estancamiento económico, como la pérdida constante de empleos y la fuga silenciosa de talentos.
Esto último es sin duda lo más dramático, el mayor agravio al futuro de nuestra entidad, la pérdida sistemática de jóvenes preparados en nuestras universidades y tecnológicos, mismos que representan el capital más valioso de Zacatecas, pero que ante la situación de violencia y falta de oportunidades, se suman a la de por sí ya abrumadora diáspora de paisanos que radican, producen y generan riqueza en otras latitudes.
Nos acostumbramos a que el bulevar metropolitano esté cerrado por las legítimas demandas de todos los sectores, a que las dependencias estén tomadas, a que las marchas, paros, plantones, conflictos, gritos y silencios sean el pan nuestro de cada día.
Mientras otras entidades compiten por la atracción de inversiones, se afanan en los esfuerzos por mejorar la conectividad terrestre y aérea, impulsan el crecimiento, la innovación y la competitividad, Zacatecas apenas y se enfoca en la sobrevivencia. Aquí no se discute cómo prosperar, sino cómo resistir.
Solo en 2025, de acuerdo a datos del Instituto Mexicano del Seguro Social, nuestro estado perdió más de cinco mil 200 puesto de empleo formal. Destaca de manera preocupante el sector primario, agropecuario, el cual registró una caída de más de cuatro mil 600 empleos el año pasado. No solo no estamos generando los puestos de trabajo dignos que nuestros muchachos exigen, sino que seguimos perdiendo los que ya teníamos. Una catástrofe social y económica.
Y el gobierno del estado, tras casi 5 años de yerros, conflictos e incapacidad para construir consensos, lejos de ser factor de dinamismo, parece ser reflejo del mismo agotamiento social generalizado: sin aprobación, sin rumbo, sin comunión con la ciudadanía, sin narrativa de futuro, y lleno de parientes, amigos y cómplices que hacen de la mediocridad la regla general.
El peor gobierno de nuestra historia, el de David Monreal, se limita a mal administrar las crisis e inercias que ellos mismos provocan.
Y mientras tanto, el ciudadano aprende a esquivar bloqueos, a tolerar aumentos, a aceptar conflictos como parte del paisaje urbano. A pagar más impuestos vehiculares sin entender para qué. A ver a la UAZ en conflicto permanente y sin soluciones estructurales.
A que la JIAPAZ ya no se tome la molestia de explicar nada y únicamente mande el recibo, más y más alto cada vez.
A vivir en un Zacatecas que protesta mucho, pero avanza poco.
Zacatecas necesita una sacudida, un terremoto de ideas y dignidad que eche a andar la creatividad y nuestra anquilosada economía, un cambio de fondo que incluya el imprimirle ética al servicio público. Sobre todo, requerimos recuperar algo que hoy parece extraviado: la idea de que un futuro de prosperidad es posible aquí.
Es posible.
Sobre la Firma
Funcionario público con responsabilidad social y cultural
raymorenoro79@gmail.com
BIO completa


