SAÚL MONREAL ÁVILA
Amigas y amigos que nos siguen en este espacio de opinión, como ustedes saben, por lo regular escribimos sobre temas de coyuntura o de actualidad política, hoy nos gustaría dedicarle unas palabras a nuestra emblemática capital del estado, y es que, hay ciudades que simplemente se habitan y hay otras que se sienten, Zacatecas pertenece a estas últimas. Porque hablar de nuestra capital es hablar de un lugar que ha dado grandes ciudadanos y que ha aprendido a recibir, a proteger y a abrazar a quienes llegan a sus calles como si su enorme corazón de cantera estuviera siempre dispuesto a dar asilo.
El día de ayer fue su aniversario y al celebrar su historia, los zacatecanos tenemos sobradas razones para sentir orgullo, nuestra ciudad nació al amparo de la riqueza de la tierra, desde su descubrimiento, Zacatecas comenzó a escribir una historia que pronto trascendería sus fronteras. Fue una de las ciudades más importantes de la minería novohispana, un punto fundamental para el desarrollo económico del país y una puerta hacia el norte de México.
Pero Zacatecas nunca ha sido solamente plata, es también comercio, trabajo, cultura, turismo y tradición. Es la ciudad que sorprende al visitante con la belleza de su Catedral, con sus callejones que parecen guardar secretos de siglos, con la imponente presencia de La Bufa y con una arquitectura que ha logrado conquistar al mundo entero. No por casualidad, su Centro Histórico fue reconocido como Patrimonio Mundial, pocos lugares pueden presumir una identidad tan poderosa y una belleza tan profundamente mexicana.
Y, sin embargo, sabemos que la grandeza de Zacatecas no está solamente en sus edificios ni en sus monumentos. Está en su gente. Está en quienes abren un negocio cada mañana, en quienes trabajan para sacar adelante a sus familias, en los estudiantes que recorren sus calles, en los artesanos, comerciantes, trabajadores, artistas y servidores públicos que, desde distintos espacios, hacen posible que esta ciudad siga latiendo.
Zacatecas también ha conocido momentos difíciles. Ha enfrentado tristezas, crisis, incertidumbres y episodios dolorosos. Pero hay algo que la historia nos ha enseñado una y otra vez: esta ciudad sabe y puede levantarse.
Quizá sea porque sus cimientos son fuertes. Quizá porque quienes la habitan han heredado la fortaleza de una tierra acostumbrada a resistir. O quizá porque Zacatecas tiene algo difícil de explicar, pero fácil de sentir: una capacidad extraordinaria para hacer suyo a quien llega y para mantener unidos, en la distancia, a quienes algún día tuvieron que partir.
Por eso, cuando hablamos de Zacatecas ante México y ante el mundo, debemos hacerlo con la frente en alto porque esta ciudad siempre nos deja bien parados. Porque quien la conoce difícilmente la olvida. Porque su belleza enamora, su historia impresiona y su gente deja huella.
Por su aniversario celebramos a Zacatecas y, sobre todo, le damos las gracias.
Sobre la Firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
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