Zacatecas, Zac.- El Gobierno de Zacatecas y los habitantes del barrio de San José de la Montaña realizaron una jornada de recuperación de la memoria histórica en la plazuela Venustiano Carranza. El encuentro, encabezado por el secretario general de Gobierno, Rodrigo Reyes Mugüerza, buscó fortalecer el tejido social mediante el relato colectivo de la reconstrucción del templo local y la identidad comunitaria.
La iniciativa, enmarcada en el programa estatal de tertulias familiares, trasciende el mero ejercicio de nostalgia para situarse como una herramienta de cohesión institucional en un entorno urbano que ha visto transformadas sus dinámicas tradicionales. Durante la sesión, los residentes documentaron cómo la edificación de la parroquia de San José de la Montaña, iniciada en 1912, fue un proceso de autogestión social donde familias enteras aportaron materiales y mano de obra. Este hecho no solo define la arquitectura del centro de la capital zacatecana, sino que establece un precedente de organización civil que las autoridades actuales pretenden emular para enfrentar los retos contemporáneos de seguridad y convivencia.
El análisis de los testimonios recogidos por el cronista Federico Priapo Chew y la directora del Archivo Histórico, Lucía de León Alonso, revela una preocupación persistente por la pérdida de espacios públicos y tradiciones deportivas. La desaparición de infraestructuras comunitarias, como los tableros de básquetbol en las plazas, y la reducción de las festividades patronales a eventos de menor escala, señalan un desgaste en el sentido de pertenencia. La mención del Club Deportivo San José, fundado hace 71 años y hoy convertido en la asociación Impulsora Zacatecana del Deporte, ejemplifica la evolución de las instituciones barriales hacia estructuras formales que, sin embargo, luchan por mantener el espíritu de integración original entre sectores como San Antonio, San Pedro y El Tepozán.
Desde una perspectiva política, la presencia de la Secretaría General de Gobierno en estos foros subraya un intento por validar la gestión estatal a través de la cercanía con las bases sociales. Al recuperar historias sobre juegos tradicionales, antiguos correccionales y la vida cotidiana del siglo pasado, el Estado busca legitimar su papel como custodio no solo del orden, sino de la identidad cultural. La relevancia de este hecho radica en la capacidad de la memoria oral para actuar como un dique frente a la fragmentación social, proponiendo que el reconocimiento del pasado común es indispensable para la reconstrucción del orden público en la entidad.
LNY | Redacción

