CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
El dato ya no es la duda, sino el orden: Ulises Mejía Haro encabeza con 38% la preferencia interna de Morena. Detrás, en el mismo escalón, Geovanna Bañuelos y Verónica Díaz Robles empatan con 13%. La escena es clara: un puntero definido y una segunda línea que no se rompe. La competencia no desaparece; se reorganiza.
Morena no discute su lugar en el estado. Conserva el 38% de la preferencia efectiva, sin variaciones desde diciembre de 2025. Es un liderazgo estable, más cercano a la inercia que al crecimiento. Mientras tanto, el PRI retrocede dos puntos y el resto de las fuerzas se dispersa. El oficialismo no amplía su base, pero tampoco la pierde. Se sostiene. Y sobre ese piso, se ordena la disputa interna.
La encuesta de Enkoll, levantada entre el 8 y el 12 de marzo de 2026 con mil 238 entrevistas cara a cara, muestra un retrato consistente: margen de error de +/- 2.8%, nivel de confianza del 95% y una muestra representativa del estado. Es una fotografía precisa de un momento específico. También advierte sus propios límites: buena parte del electorado aún no reconoce a quienes compiten.
En ese terreno, Ulises Mejía no únicamente lidera en intención. También encabeza todos los atributos medidos: mayor opinión positiva, mejores saldos en honestidad, cercanía, conocimiento del estado y percepción de cumplimiento. Las particularidades favoritas de Morena.
No es una ventaja aislada. Es una ventaja integral. Su puntaje global lo coloca por encima del resto sin matices. El dato adicional es relevante: esa construcción se da entre quienes lo identifican. Todavía hay espacio para crecer.
La disputa real se mueve detrás. Las senadoras Geovanna Bañuelos y Verónica Díaz no logran separarse entre sí, pero sí consolidan un segundo bloque. Ambas registran niveles similares de opinión positiva y compiten en atributos específicos: Bañuelos aparece ligeramente mejor posicionada en honestidad y conocimiento del estado; Díaz sostiene una valoración pareja en imagen general. No hay ruptura entre ellas. Hay equilibrio.
Ese equilibrio se vuelve estratégico cuando se cruza con otra variable de la encuesta: la preferencia de género. El 37% de los encuestados prefiere un hombre como próximo gobernador; el 34%, una mujer. La diferencia es mínima. No define una tendencia cerrada. Pero abre una puerta concreta: si el criterio de selección se inclina hacia una candidatura femenina, la decisión ya no pasa por construir una alternativa, sino por elegir entre dos opciones que hoy están en el mismo punto de partida.
En paralelo, hay un movimiento que no estaba en el radar meses atrás. Carlos Puente Salas, el del Verde Ecologista, aparece con 7% de preferencia efectiva. No compite en la punta, pero deja de ser marginal. Su presencia modifica el mapa: suma volumen en la conversación interna y confirma que la contienda no se limita a tres nombres. Es un crecimiento que no altera el liderazgo, pero sí ensancha el tablero.
La diputada federal Julia Olguín Serna aparece con 6% de preferencia efectiva, un dato que, sin ser competitivo en la punta, marca una diferencia respecto a mediciones anteriores donde no figuraba. Su incorporación al listado no es menor: implica entrada en reconocimiento, que en encuestas de este tipo suele ser el primer umbral para cualquier aspiración.
Su nivel de opinión positiva se mantiene en un rango cercano al de otros perfiles intermedios, lo que sugiere una base inicial sobre la cual puede crecer. No altera el orden, pero sí confirma que el espectro de aspirantes se está ampliando.
En un carril distinto se mueve el secretario general de gobierno, Rodrigo Reyes Mugüerza. Con 5% de preferencia efectiva, permanece lejos de la disputa principal, pero dentro del radar de los encuestados. Su inclusión entre posibles aspirantes a la gubernatura tiene un efecto paralelo: incrementa su nivel de conocimiento público en un momento en que su ruta política apunta a la alcaldía de Zacatecas.
No es un posicionamiento competitivo para la gubernatura, pero sí funcional como plataforma de visibilidad para una candidatura municipal. En términos de datos, no compite por la cima; en términos de exposición, ya juega en otra liga.
El dato estructural se mantiene: la inseguridad y el narcotráfico concentran el 66% de las preocupaciones ciudadanas. Es el telón de fondo que condiciona cualquier candidatura. Pero la encuesta no muestra todavía quién capitaliza mejor ese tema. Muestra otra cosa: quién está posicionado para intentarlo.
Los números no describen una definición cerrada. Dibujan una secuencia. Primero, un liderazgo claro. Después, un empate que espera condiciones. Y más atrás, un actor que empieza a entrar en escena.
Morena ya tiene orden. Falta saber quién lo convierte en candidatura.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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