SAÚL MONREAL ÁVILA
La Universidad Autónoma de Zacatecas no es únicamente la institución de educación superior con mayor tradición y cobertura en nuestro estado; es la principal institución de educación superior formadora de capital humano y a la vez, un del dinamismo económico regional, su presencia en la capital y en diversos municipios mediante unidades académicas genera un ecosistema de servicios, empleos directos e indirectos, consumo local y movilidad social que trasciende el ámbito estrictamente educativo, la universidad es, en los hechos, una infraestructura social estratégica para Zacatecas.
Como egresado de nuestra Alma Mater, y como alguien que la respeta y le tiene un profundo aprecio personal, decimos con convicción que la Universidad merece altura de miras en sus momentos de tensión, precisamente por ese vínculo profundo, resulta indispensable analizar con serenidad el plebiscito celebrado el día de ayer por el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ), en el que la mayoría del personal académico que participó, votó por no estallar la huelga, con 973 votos por el “no” frente a 841 por el “sí”, la comunidad docente optó por privilegiar la continuidad institucional y el diálogo sobre la confrontación.
La decisión no debe interpretarse como una negación de las problemáticas existentes, sino como un ejercicio de madurez y de responsabilidad social. La huelga, históricamente, ha sido un instrumento legítimo de presión en el ámbito laboral, en este caso, en el universitario, donde en múltiples coyunturas ha permitido corregir problemáticas persistentes, alcanzar mejoras contractuales y visibilizar demandas estructurales, no obstante, también implica costos académicos, financieros y sociales que impactan directamente en el estudiantado y en la percepción pública de la institución.
En esta ocasión, el gremio académico ha enviado un mensaje claro, existe disposición al diálogo, pero también un límite frente a la inercia administrativa, la votación cerrada revela una comunidad dividida en preocupaciones reales, lo que constituye un llamado de atención tanto para la Rectoría como para las autoridades universitarias y el Gobierno Estatal; la comunidad universitaria exige no solo equilibrio presupuestal, sino legitimidad interna, transparencia en la gestión y sensibilidad ante las condiciones laborales del personal docente.
Y es que, la estabilidad de la UAZ no es un asunto corporativo, es un tema de desarrollo regional, cada interrupción en su funcionamiento repercute en miles de estudiantes, en cadenas productivas locales y en la credibilidad del sistema público de educación superior. Por ello, conjurar la huelga debe asumirse como una oportunidad para construir acuerdos duraderos, no como un simple aplazamiento del conflicto.
Hoy más que nunca, la Universidad requiere una política institucional que combine disciplina financiera con justicia laboral, planeación estratégica con diálogo permanente, la decisión del “no” a la huelga honra la vocación académica de servicio y compromiso social, pero todos lo “si” nos recuerdan que hay grandes problemas sin solución, corresponde ahora a las autoridades estar a la altura de esa responsabilidad histórica.
Sobre la Firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
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