SILVIA MONTES MONTAÑEZ
SAÚL MONREAL a diferencia de David, no prioriza sus aspiraciones de futuro y se aboca al trabajo legislativo demostrando que su presencia en la Cámara de Senadores no se limita a levantar la mano para luego realizar aquí proselitismo como el “gobernador”.
NO ESTÁ el senador usando su encargo ventajosamente como lo hace su hermano que decretó el “año del progreso” con un evento donde colocó al centro de todo a su favorita que sigue en abierta campaña proyectando ten redes contenidos caracterizados por el hueco de su cabeza.
CONCENTRADO en su tarea senatorial, Saúl presentó una iniciativa que encierra un compromiso con la gente de a pie para garantizar el acceso libre al agua potable en eventos masivos y espacios de alta concentración de personas hoy víctimas de excesos comerciales.
EN SUS argumentos el senador advirtió que es imprescindible evitar prácticas de consumo forzado y precios elevados que están vulnerando derechos fundamentales como el del agua que la gente no puede introducir en concentraciones controladas.
PROYECTOS como este son relevantes porque impactan directamente el bolsillo de los mexicanos cuyos derechos deben estar por encima del lucro que se está dando sin que nadie se ocupe de evitarlo como ahora lo hace el senador de manera acertada.
POLÍTICOS sensibles son los que nos urgen y es muy oportuna la pregunta de Saúl; ¿Es aceptable que, en México donde se reconoce el derecho humano al agua, una persona no pueda acceder a ella libremente en espacios de alta afluencia sin verse obligada a pagar precios desproporcionados?
ESTÁ muy clara la respuesta: por supuesto que es inaceptable y el acceso al agua potable no es un privilegio ni una concesión comercial. Es un derecho humano indispensable para la vida, la salud y la dignidad. Lo que está ocurriendo no es justo.
TRABAJANDO con sentido común Saúl toca un tema de alto impacto social al exhibir el consumo cautivo a precios excesivos en un país donde millones de personas asisten cada año a conciertos, partidos de fútbol, festivales culturales, ferias y otros espectáculos.
CON un derecho constitucional no puede permitirse que se haya normalizado la prohibición de ingresar agua de consumo personal, para dar paso a esquemas de consumo cautivo y un negocio muy conveniente para quienes están detrás del hecho. .
INICIATIVAS como esta requieren todo el apoyo pues, como explicó el senador, una botella de agua cuyo precio comercial oscila entre ocho y once pesos puede llegar a venderse dentro de los recintos en cincuenta, setenta o incluso noventa pesos.
PERTINENTES las declaraciones y la iniciativa pues esta práctica impacta la economía familiar y representa un riesgo para la salud y la seguridad especialmente en eventos de larga duración donde los asistentes son vulnerables al abuso. Bien por Saúl.
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Periodista de oficio y carácter crítico que conoce el poder por dentro
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