SARA LOVERA
Las mexicanas estamos en el peor momento histórico, con impactos devastadores de la “narcopolítica” y el crimen organizado; la inseguridad y la violencia nos afectan de manera desproporcionada, mientras persiste la polarización nefasta en la clase política; mujeres en desplazamiento en territorios controlados por los cárteles; sin cambios en la violencia sexual y familiar, el feminicidio y la desaparición; criminalización extrema a mujeres utilizadas por el crimen. Encima, ocho años de abandono de la política de género que tuvo avances relativos.
Es vigente que niñas indígenas estén sujetas a matrimonios y maternidades forzadas; migrantes acosadas y violadas; niñas, las primeras en abandonar la escuela, y millones desgastadas por la doble jornada y excluidas del mundo laboral.
No hablo de percepciones. Los informes de Human Rights, Amnistía Internacional, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, y de los relatores de Derechos Humanos documentan lo dicho, tanto como la persistencia de la violación de los Derechos Humanos de las mujeres. Hay recomendaciones de las expertas de CEDAW que ilustran esta realidad.
Mientras la crisis de inseguridad aumenta el número de víctimas por violencia extrema, sucede el desplazamiento de familias enteras, la crisis ambiental y la lucha por la tierra y el territorio.
Las mujeres beneficiarias de la paridad electoral no avanzan porque el dogmatismo y el enfrentamiento generado por Morena demolieron las alianzas y la solidaridad femenina plural que caracterizó al siglo XX y mejoró nuestros derechos.
La situación es crítica para el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo; hay voces y advertencias de quienes piensan y analizan sobre cómo se desmorona el significado simbólico de tener a la primera mujer presidenta.
La presidenta está en aprietos, sujeta, sin hacerse espacio para actuar. ¿Defenderá al infinito a sus compañeros de proyecto, aunque sean delincuentes? Ella convalidó al senador Félix Salgado Macedonio, disculpa las bravuconadas de cínicos y violentadores. ¿Seguirá el mismo derrotero para los señalados como narcopolíticos y corruptos? ¿Alguna vez la Fiscalía nos informará, investigará? ¿O continuará el encubrimiento histórico?
Tiene asuntos sin resolver como el fraude en Segalmex. Pregunto si dará carpetazo al huachicol fiscal, cerrará los ojos ante las desapariciones y el feminicidio; si intentará siempre conectar la crisis humanitaria con “la derecha”; si aplaudirá el enfrentamiento femenino en Chihuahua, en los congresos y entre militantes de Morena frente a otras; si mantendrá a jueces y ministerios públicos protectores de delincuentes sexuales y violentadores de mujeres, o ¿qué hará?
Las acusaciones de Estados Unidos de los últimos tiempos ya le están cobrando. Según encuestas diversas, disminuyó hasta en 6.3 la opinión positiva sobre su desempeño. Ella, en sus mañaneras, repite que no se permitirá la corrupción en la 4T ni que formen parte de la transformación quienes incurran en ello o en el narco, pero su fiscalía está inerte; persiste la opacidad respecto de la actuación de la CIA en México y su actitud de víctima del pasado priista y neoliberal. El siguiente capítulo de esta historia, ¿será la crisis económica y el derrumbe de la inversión?
A estas alturas, el entuerto es fenomenal y la perspectiva feminista recomienda a la presidenta, si alguna vez creyó en el tiempo de mujeres, que profundice conocimientos sobre los entramados del poder para hallar un camino que salve a su sexenio, hoy marcado por un inmenso río de sangre e insatisfacción. Pero sin eufemismos.
Pienso en las grandes jefas de Estado, de distintas latitudes y posturas ideológicas, como Ángela Merkel, Michelle Bachelet, Dilma Rousseff, Violeta Barrios de Chamorro, Golda Meir, Indira Gandhi, Margaret Thatcher y Eleanor Roosevelt. Sí se puede. Veremos.
Sobre la Firma
Periodista crítica, editora y activista feminista.
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