SAÚL MONREAL ÁVILA
Hay cifras económicas que pasan desapercibidas entre el ruido cotidiano, pero que conviene detenerse a mirar, el crecimiento del Producto Interno Bruto de México durante el segundo trimestre de 2026 es una de ellas. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la economía mexicana avanzó 1.4 por ciento respecto al trimestre anterior, después de haber registrado una contracción de 0.3 por ciento en el primer trimestre.
El dato adquiere mayor dimensión cuando se coloca en perspectiva internacional, durante el mismo periodo, el conjunto de las economías que integran el G20 creció 0.7 por ciento. Es decir, el avance mexicano fue exactamente el doble del promedio del grupo. Entre las economías del G20 con información disponible, solamente India registró un crecimiento trimestral superior, de 1.8 por ciento, mientras Indonesia alcanzó 1.3 por ciento.
Más allá de cualquier lectura partidista, estos números dicen algo importante: la economía mexicana mostró durante el segundo trimestre una capacidad significativa de recuperación. No significa que todos los problemas económicos estén resueltos, ni que el crecimiento de un trimestre pueda convertirse automáticamente en bienestar para todas las familias. El PIB mide la producción agregada de una economía, pero no refleja por sí mismo la distribución del ingreso, la calidad del empleo o las condiciones particulares que enfrenta cada hogar.
Precisamente por eso, el 1.4 por ciento debe observarse con equilibrio, es un resultado relevante, pero también representa un rebote después de la contracción registrada en el trimestre anterior. La fotografía completa requiere mirar la película: inversión, consumo, empleo, salarios, inflación, productividad y capacidad de las empresas para mantener y ampliar sus actividades.
También resulta significativo que el crecimiento mexicano ocurra en un escenario internacional complejo. La propia OCDE ha señalado que persisten incertidumbres relacionadas con las políticas comerciales, el entorno internacional y las condiciones económicas globales, en su panorama de junio, la organización proyectaba un crecimiento moderado para México durante 2026 y advertía que la inversión privada tendría una recuperación gradual.
Hay, por tanto, una lectura que merece atención en Zacatecas y en todo México, la discusión económica no debería construirse únicamente desde percepciones, sino también desde indicadores verificables. Los datos pueden gustarnos o no, pero permiten establecer un punto de partida común para discutir qué está funcionando, qué falta por mejorar y dónde deben concentrarse los esfuerzos.
El crecimiento de 1.4 por ciento no constituye por sí mismo una conclusión definitiva sobre el estado de la economía nacional. Sí representa, sin embargo, un dato concreto que merece ser incorporado al debate público.
Porque una economía verdaderamente sólida no se demuestra solamente con una cifra trimestral. Se demuestra cuando el crecimiento se convierte, de manera sostenida, en más oportunidades, mejores ingresos, mayor inversión y mejores condiciones de vida para la población. Ese es, finalmente, el desafío que queda después de cualquier buen indicador.
Sobre la firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
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