SAÚL MONREAL ÁVILA
Amigas y amigos, lo hemos dicho una y otra vez, si se dejan actitudes sectarias, corporativas, de falta de respeto a los liderazgos, podemos avanzar, de lo contrario nadie sabe que podría pasar en el futuro próximo.
Morena nació como un movimiento amplio, popular y profundamente territorial, no surgió de las oficinas, ni de los escritorios burocráticos, ni de las decisiones tomadas entre unos cuantos. Nació de la lucha social, del trabajo casa por casa, de la organización comunitaria y del esfuerzo de miles de mujeres y hombres que durante años defendieron un proyecto. Por eso preocupa, y preocupa seriamente, que en Zacatecas la dirigencia estatal nomás no entienda y parezcan olvidar de dónde viene el movimiento y hacia dónde debería caminar.
La reciente conformación de los llamados consejos municipales ha vuelto a exhibir un problema que desde hace tiempo se viene señalando: el sectarismo, la soberbia política y la construcción de pequeños grupos cerrados que actúan más como facciones burocráticas que como representantes de un movimiento popular. Cuando una dirigencia comienza a excluir a liderazgos regionales, cuadros con trabajo territorial y actores con presencia real en los municipios, no solamente se equivoca en lo político; debilita también al propio partido.
Y lo más delicado es que pareciera que no se aprende de los errores recientes. Ahí están los casos de muchos cabildos en distintos municipios del estado, donde las decisiones tomadas desde la lógica de grupo llevaron a imponer perfiles sin experiencia, sin formación política, sin capacidad de debate y, en algunos casos, sin el más mínimo arraigo social. Personas que llegaron no por méritos propios ni por representar causas ciudadanas, sino únicamente por pertenecer a determinadas estructuras administrativas o burocráticas. El resultado ha sido evidente: gobiernos municipales débiles, regidores ausentes del debate público y una preocupante incapacidad para defender con argumentos el proyecto de nación que representa la Cuarta Transformación.
Porque una cosa es tener un trabajo burocrático de una dependencia y otra muy distinta tener formación política. Gobernar, representar y construir movimiento exige sensibilidad social, capacidad de diálogo, conocimiento del territorio y convicción ideológica. Sin eso, los cargos terminan convirtiéndose en simples cuotas de grupo.
Contrasta, por ello, la actitud que recientemente ha mostrado la dirigencia nacional, la apertura política, el reconocimiento al trabajo territorial y la disposición al diálogo que ha impulsado la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, reflejan una visión mucho más amplia y madura de lo que significa construir mayoría política en un estado tan complejo como Zacatecas. Entender que nadie sobra, que los liderazgos regionales cuentan y que el movimiento necesita sumar, no excluir, es precisamente lo que puede darle viabilidad y fortaleza al partido hacia el futuro.
Porque si algo ha demostrado la historia política reciente es que los partidos comienzan a fracturarse no cuando enfrentan a la oposición, sino cuando dejan de escuchar a sus bases reales, a los que existen en las colonias y comunidades. Cuando la arrogancia sustituye al diálogo y cuando los intereses de grupo se colocan por encima del proyecto colectivo.
Todavía hay tiempo de corregir. Todavía existe margen para construir acuerdos amplios, incluyentes y generosos. Pero para ello se necesita humildad política y visión de Estado. Morena no puede convertirse en una estructura cerrada donde unos cuantos deciden por todos. Si eso ocurre, la factura no la pagará únicamente una dirigencia estatal; la pagará el movimiento entero.
Sobre la Firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
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