lunes, abril 20, 2026
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La Casa de los Perros | Números que ya deciden

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

La llamada no revela emoción, revela certeza. En Zacatecas, el votante ya no duda: responde. La encuesta deja de ser termómetro para convertirse en acta anticipada. El margen de error existe; el margen de indecisión, casi no. Ese es el dato incómodo: la elección empezó a cerrarse antes de comenzar la campaña.

La encuesta de Demoscopia Digital, levantada a mil ciudadanos con rigor estadístico —95% de confianza, margen de error de 3.8%— no es solo una fotografía. Es un síntoma. El dato que pesa no es quién va arriba, sino cuánto se ha reducido la incertidumbre. En un año, los indecisos pasaron de 21.1% a 6.8%. La política dejó de ser pregunta para convertirse en toma de postura.

En ese terreno que se endurece, Morena conserva la delantera con 34.2%. No es un número menor, pero tampoco es expansivo. Viene de un 36.7% en diciembre. Hay una ligera erosión, casi imperceptible, pero constante. Como esas grietas que no tiran un muro, pero anuncian que algo se mueve por dentro.

En la medición interna de aspirantes, la encuesta perfila una competencia con diferencias claras: Verónica Díaz Robles encabeza las preferencias dentro de Morena, consolidando su posición en el bloque puntero; Ulises Mejía Haro se mantiene en un segundo nivel, con presencia estable, pero sin cerrar la brecha; José Narro Céspedes aparece en una franja menor, con variaciones que no logran proyectarlo como competitivo en este corte.

Y Geovanna Bañuelos de la Torre capitaliza parcialmente el crecimiento del PT, aunque sin traducirlo en un salto decisivo en la intención de voto individual.

La encuesta no mide a Carlos Puente, que hoy juega un rol significativo dada su posición en el Partido Verde. Olvida también a Julia Olguín, que sigue moviéndose, sobre todo en el sur de la entidad. Eso sí, incluye a Bennelly Hernández, cuyo registro es marginal, sin indicios de viabilidad electoral.

Claro que en un escenario donde los indecisos prácticamente han desaparecido, la diferencia no está en quién aparece, sino en quién logra convertir presencia en posibilidad real.

Aquí es en donde aparece la senadora Verónica Díaz Robles. No como un accidente, sino como una construcción. Su crecimiento no es estridente, pero sí sostenido. Se ancla a una lógica clara: continuidad del proyecto político de Claudia Sheinbaum Pardo y presencia en una agenda concreta. No es solo nombre en la boleta futura; es narrativa en curso.

La oposición, mientras tanto, suma sin mezclarse. El PRI alcanza 17.4%, su punto más alto reciente. El PAN se mantiene en 13.8%. Movimiento Ciudadano oscila en 9.2%, con más dudas que certezas. Juntos, podrían competir. Separados, administran su propia dispersión. No hay bloque: hay archipiélago.

Pero el dato más revelador no está en los partidos grandes. Está en los márgenes. El PT sube a 6.8%, casi el doble de lo que tenía hace unos meses. El PVEM aporta 6.5%. Ahí, en esos satélites, Morena encuentra el oxígeno que compensa su desgaste. No crece solo: crece acompañado. La hegemonía ya no es una línea recta, sino una suma de pequeñas lealtades.

La política, como el agua, busca cauce. Y en Zacatecas ese cauce empieza a definirse antes de tiempo.

En medio de esa aritmética aparece otro elemento, menos visible pero más profundo: la Ley Federal de Cine y el Audiovisual, aprobada en el Senado de la República con 87 votos a favor. Una reforma que, en apariencia, habla de cultura, pero en el fondo habla de poder: quién cuenta las historias, quién las financia, quién las distribuye.

Aquí es donde la figura de Verónica Díaz encuentra otra dimensión. No solo capitaliza números; articula discurso. Ha sido una de las voces que empujaron la ley, defendiendo la idea de que el problema del cine mexicano no es la falta de talento, sino de ventanas.

La nueva legislación obliga a abrirlas: 10% de pantalla en salas, condiciones equitativas de exhibición, presencia garantizada en plataformas digitales. No es un detalle técnico. Es una apuesta política.

Porque en un estado como Zacatecas, donde la migración ha sido durante décadas la narrativa dominante, hablar de cine es hablar de identidad. De quién cuenta la historia del que se fue y del que se quedó. De quién convierte la memoria en imagen.

La ley descentraliza responsabilidades. Ya no es solo la Federación: estados y municipios deberán promover, producir, difundir. Es, en términos prácticos, una invitación —o una obligación— a que gobiernos locales dejen de ver la cultura como ornamento y la asuman como política pública.

Ahí está la conexión que muchos pasan por alto. Los números de la encuesta no flotan en el aire. Se sostienen en decisiones concretas, en agendas que tocan la vida cotidiana de manera indirecta pero persistente. Una ley cultural no gana elecciones, pero construye legitimidad. Y la legitimidad, tarde o temprano, se traduce en votos.

Sin embargo, hay una advertencia en los mismos datos que hoy favorecen. La reducción de indecisos no solo beneficia al puntero. También reduce el margen de error político. Cuando la mayoría ya decidió, cada movimiento pesa más. Cada desgaste se nota más. Cada error cuesta más.

Morena sigue al frente, pero ya no avanza. La oposición crece, pero no se organiza. Y en medio, figuras como Verónica Díaz navegan entre dos aguas: la continuidad y la necesidad de renovación.

Zacatecas entra temprano en modo electoral. No por calendario, sino por convicción ciudadana. La gente ya eligió, aunque todavía no vote.

Y en política, cuando la decisión se toma antes de tiempo, lo único que queda por disputar… es la historia que la justifica.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
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