jueves, febrero 26, 2026
HomeLa Casa de los PerrosClaudia G. Valdés DíazLa Casa de los Perros | Morir también tiene estadísticas

La Casa de los Perros | Morir también tiene estadísticas

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

En una oficina del Registro Civil alguien escribe un nombre por última vez. No hay sirenas ni discursos. Sólo tinta, fecha y causa. El Estado convierte la muerte en número para poder entenderla. O para soportarla. Zacatecas acaba de mirarse en ese espejo frío: seis mil novecientas historias interrumpidas entre enero y septiembre de 2025.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía publicó las cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas. Detrás del lenguaje técnico —certificados médicos, actas oficiales, validación epidemiológica— aparece una radiografía silenciosa del estado. No habla de política. Pero explica muchas decisiones políticas.

Según el criterio de residencia habitual, Zacatecas registró seis mil 901 defunciones: dos mil 693 mujeres y cuatro mil 208 hombres. Cuando se revisa el lugar donde fue asentado el registro administrativo, la cifra cambia apenas —seis mil 889 casos— y si se contabilizan las muertes ocurridas físicamente dentro del territorio estatal, el número se fija en seis mil 894. Variaciones mínimas. La muerte, al menos estadísticamente, no se equivoca demasiado.

Lo contundente no es el total. Es la desigualdad que revela.

En Zacatecas mueren más hombres que mujeres. Mucho más. Casi dos por cada una. La estadística confirma lo que hospitales, carreteras y hogares conocen desde hace años: los varones viven más expuestos al riesgo, al desgaste físico, a la violencia cotidiana o al abandono preventivo de la salud. La masculinidad también enferma. Y muchas veces mata antes.

La tasa estandarizada alcanza 423 defunciones por cada 100 mil habitantes bajo el criterio de residencia habitual, y 403 cuando se vincula residencia y ocurrencia del fallecimiento. Zacatecas se ubica así en una zona media nacional, por debajo del promedio del país —440 y 425 respectivamente—. No es el peor escenario. Pero tampoco uno tranquilizador.

Porque las cifras no hablan de crisis súbita. Hablan de persistencia.

Las enfermedades del corazón siguen siendo la principal causa de muerte: mil 716 zacatecanos fallecieron por padecimientos cardiacos en nueve meses. El dato no sorprende; sí preocupa su constancia histórica. El corazón se ha convertido en el termómetro social de México: dieta precaria, estrés económico, atención tardía, prevención insuficiente.

Después aparecen los tumores malignos, con 919 decesos, y la diabetes mellitus, responsable de 851 muertes. Pero aquí surge una diferencia reveladora: entre las mujeres zacatecanas, la diabetes desplaza al cáncer como segunda causa mortal. Entre los hombres ocurre lo contrario.

La enfermedad también tiene género.

Mientras ellas enfrentan con mayor frecuencia padecimientos metabólicos ligados a condiciones estructurales —alimentación, acceso sanitario, carga doméstica—, ellos encabezan las estadísticas oncológicas y, sobre todo, las muertes por causas externas.

Los accidentes ocupan el cuarto lugar general con 530 fallecimientos. De ellos, 395 corresponden a hombres. La cifra dice más que cualquier campaña preventiva: morir joven sigue siendo, en Zacatecas, una posibilidad masculina demasiado frecuente.

La influenza y neumonía completan el cuadro con 372 muertes. Las enfermedades cerebrovasculares aparecen con especial peso entre mujeres. Ninguna de estas causas provoca titulares diarios. Sin embargo, juntas configuran la verdadera presión sobre el sistema de salud estatal.

Porque el drama sanitario rara vez explota. Se acumula.

Estas estadísticas aún son preliminares y serán validadas junto con la Secretaría de Salud antes de su publicación definitiva en noviembre de 2026, bajo los estándares internacionales de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10). El procedimiento garantiza rigor técnico. Pero el rigor numérico no sustituye la pregunta esencial: qué hacemos con lo que sabemos.

Las cifras muestran que Zacatecas no muere principalmente por epidemias inesperadas ni por catástrofes visibles. Muere por enfermedades prevenibles, por diagnósticos tardíos, por hábitos arraigados y por sistemas que llegan cuando el daño ya es irreversible.

La política suele concentrarse en inaugurar hospitales. Mucho menos en evitar que la gente llegue a ellos demasiado tarde.

Cada número del informe representa una ausencia doméstica: una silla vacía, un negocio cerrado, una pensión que ya no alcanzará, una familia reorganizando su futuro sin aviso previo. La estadística ordena el caos humano para hacerlo comprensible, pero también corre el riesgo de anestesiarlo.

Por eso conviene leer estos datos sin mareo, pero sin indiferencia.

Zacatecas no enfrenta una mortalidad extraordinaria. Enfrenta algo más difícil: una normalidad peligrosa. Una muerte constante, silenciosa, predecible. Y precisamente por eso, evitable.

Las sociedades no sólo se definen por cómo viven sus ciudadanos, sino por las razones por las que mueren.

Y aquí, las causas ya están escritas. Falta decidir si alguien piensa cambiarlas.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
BIO completa

Últimas Noticias