CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
En Zacatecas, el poder no se hereda en silencio. Se empuja. Se negocia. Se construye con gestos visibles y silencios calculados. Hoy, esa construcción tiene rostro de mujer.
No es un gesto simbólico. Es una disputa real dentro de Morena. Y como toda disputa real, ocurre lejos de los discursos de unidad. Ocurre en pasillos, encuestas, acuerdos y respaldos que no siempre se anuncian, pero se sienten.
Morena llega al horizonte de 2027 con una ventaja clara como marca. Encabeza las preferencias con 36.9 por ciento. Pero la marca no gobierna. Gobiernan las personas. Y dentro del universo femenino del partido, un nombre avanza con mayor tracción que los demás.
Verónica Díaz Robles concentra hoy la mayor atención dentro del segmento femenino de Morena. No por irrupción súbita, sino por acumulación.
En agosto de 2025 registraba 14.6 por ciento de intención de voto; en enero de 2026 alcanza 25.1, según Demoscopia Digital. En careos directos ronda el 30 por ciento, superando a perfiles de la oposición como Jorge Álvarez Máynez y Miguel Varela.
Otras casas encuestadoras, como Massive Caller y Statistical Research Corporation, la colocan más abajo, entre 12 y 13 por ciento, por debajo de aspirantes masculinos como Ulises Mejía Haro y José Narro Céspedes. El dato central no es el lugar exacto, sino la tendencia: se mantiene dentro del grupo que compite.
Su posicionamiento descansa en una trayectoria administrativa más que en estridencias públicas. Como delegada de Programas para el Desarrollo recorrió los 58 municipios, estableciendo contacto directo con beneficiarios, alcaldes y estructuras locales. Ese paso por el territorio le dejó reconocimiento, pero también responsabilidad: cargar con los claroscuros de una política social que genera lealtades y resentimientos a la vez.
Es, además, la carta más cercana del todavía inquilino de La Casa de los Perros. El respaldo existe y no se oculta. En un sistema político donde las decisiones se ordenan desde arriba, esa cercanía pesa. Y pesa más aún si Morena en la Ciudad de México define que Zacatecas debe postular mujer: en ese escenario, su nombre aparece como el más viable.
En el plano legislativo, Díaz Robles ha colocado como eje la reducción de la jornada laboral a 40 horas, vinculándola con bienestar familiar y con la sobrecarga histórica que enfrentan las mujeres. Es una agenda alineada con el discurso federal, prudente, sin rupturas. Su desafío hoy es seguir creciendo y sostenerse sin convertirse en símbolo de imposición.
Pero Verónica no camina sola en este tablero.
Julia Olguín Serna ha optado por una ruta distinta: el sindicalismo. Su llegada como secretaria general de la CATEM en Zacatecas la coloca al frente de una estructura con capacidad de movilización real. Durante su toma de protesta, Pedro Haces habló de pacificación, de blindaje frente al crimen, de un nuevo sindicalismo.
Hoy, el perfil legislativo de Julia Olguín se concentra en justicia salarial y seguridad social desde la Comisión de Trabajo.
Ella ha sido clara: quiere seguir participando, desde donde el partido decida. No se destapó. Pero tampoco se escondió.
Bennelly Hernández Ruedas ocupa otro carril. Más administrativo. Menos político-electoral. Es secretaria de Desarrollo Social y su capital está anclado a la gestión, no al entusiasmo. Viene de una derrota en Fresnillo y sus números son modestos: entre 3 y 10 por ciento según encuestas.
Arrastra además un episodio de 2015, cuando fue detenida en Tapachula con un millón de pesos cuya procedencia se cuestionó y luego se aclaró. En política, aun las aclaraciones dejan cicatriz.
Su rol hoy es de operadora institucional, no de puntera.
Aparecen también perfiles como Susana Barragán Espinoza, diputada local, cuya visibilidad reciente proviene más de la polémica que del consenso. Proponer cárcel por grafiti en un estado con desapariciones y homicidios masivos es, como mínimo, una desproporción.
Todo esto ocurre mientras un dato flota como advertencia: entre 15 y 18 por ciento del electorado no tiene preferencia partidista o no piensa votar.
Ese segmento decidirá.
La paradoja es evidente.
Morena tiene ventaja. Morena tiene números. Morena tiene mujeres.
Pero ninguna ventaja es eterna.
Verónica Díaz avanza porque hoy representa continuidad sin estridencia. Orden sin ruptura. Cercanía sin radicalidad.
Eso puede ser suficiente.
O puede no serlo.
En Zacatecas, el poder ya no sólo se disputa.
Se feminiza.
Y eso cambia las reglas.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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