lunes, enero 26, 2026
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La Casa de los Perros | Levantar la mano

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

En política, levantar la mano parece un gesto menor. Un movimiento casi escolar. Pero en Zacatecas, donde el poder suele transmitirse por repetición y no por deliberación, alzarla implica exponerse: al escrutinio, a la sospecha, al desgaste anticipado.

Eso ocurrió en un evento a propósito de la presentación de un libro sobre liderazgo humanista y, sin embargo, se hablaba de poder real. De poder próximo.

El pretexto fue 27 reglas del líder humanista, obra de Julio Castillo. El contexto, otro. En la mesa frente a la prensa estaba Germán Martínez Cázares, diputado federal, abogado, panista de larga data. Un político que ha transitado por el corazón del sistema: presidió su partido, fue senador, dirigió el IMSS. Conoce el poder desde dentro y también sus grietas. Cuando habla, no suele regalar elogios: coloca piezas.

Martínez no anunció candidaturas. Respaldó perfiles. Dijo que Noemí Luna Ayala tiene liderazgo, trayectoria y condiciones para competir por la presidencia municipal de Zacatecas. Fue un respaldo medido, sin épica ni adjetivos excesivos.

En un estado acostumbrado a las bendiciones ruidosas, la sobriedad también es mensaje. Más aún cuando añadió una frase que funciona como diagnóstico político: es momento de sacar a los Monreal. No una consigna personal, sino la referencia a un ciclo de poder prolongado que ha confundido continuidad con destino.

Noemí Luna escuchó y respondió sin rodeos. Dijo que le gustaría aspirar a la alcaldía de la capital. No lo disfrazó de sacrificio ni lo escondió bajo el pretexto del “no es tiempo”. Reconoció la ambición, pero la colocó bajo condiciones: respetar los tiempos, cumplir su responsabilidad legislativa, acatar la decisión del partido. En política, donde la ansiedad suele marcar la agenda, la contención es una forma de disciplina.

Recordó su llegada al PAN a los 18 años, antes de que gobernar fuera costumbre. El dato apareció casi de paso, pero no es menor. No llegó cuando el poder ya estaba servido. Desde entonces ha recorrido un camino institucional que incluye la docencia, el trabajo legislativo y los equilibrios internos del Congreso. Fue vicepresidenta de la Mesa Directiva y, en un hecho que rara vez se coloca en primer plano, se convirtió en la primera mujer zacatecana en presidir la Cámara de Diputados, aunque fuera por un periodo breve. En política, incluso los interinatos hablan.

Luna no presentó ese trayecto como credencial moral, sino como aprendizaje institucional. En Zacatecas, donde la experiencia suele confundirse con permanencia, el matiz importa. Saber estar no garantiza saber gobernar, pero desconocer las reglas suele cobrarse temprano.

Negó estar en campaña anticipada, a pesar de que desde la fallida nueva gobernanza han adelantado los tiempos electorales. La acusación no fue retórica: fue una exigencia de simetría. Si todos juegan, que todos se midan con la misma regla.

En contraste, defendió que las acciones del alcalde capitalino Miguel Varela Pinedo, su correligionario, forman parte de la responsabilidad municipal y no de una estrategia electoral. La línea es frágil, pero necesaria. En la política local, casi todo puede convertirse en propaganda; no todo lo es.

El dato es relevante: Miguel Varela gobierna la capital y aspira a la gubernatura. El PAN se observa a sí mismo en un espejo incómodo. Una posible candidata a la alcaldía convive con un alcalde que piensa en otro cargo. La tensión no es personal, es estructural. ¿Puede un partido administrar ambiciones cruzadas sin fracturarse? ¿Puede ofrecer alternativas sin reproducir viejos vicios?

Noemí Luna habló de inseguridad y estancamiento económico sin adornos. Dijo que una misma clase gobernante, la de los Monreal, ha mantenido al estado atrapado en un círculo donde la violencia inhibe inversiones y la falta de empleo alimenta la violencia. No ofreció soluciones instantáneas ni cifras redentoras. Nombró el problema con la sobriedad de quien sabe que la realidad no se doblega con consignas.

Insistió en la unidad interna del PAN, no como consigna hueca, sino como condición de viabilidad. “Si sirvo, ahí estaré; si estorbo, me haré a un lado.” En un ecosistema político donde casi nadie se asume prescindible, la frase funciona como límite autoimpuesto. No garantiza virtudes, pero marca un marco.

La Casa de los Perros desconfía de los gestos grandilocuentes. Aquí no los hubo. Hubo una mano levantada, un respaldo calculado y una ciudad que observa. La eventual candidatura de Noemí Luna no promete redenciones. Apenas abre la posibilidad de que el relevo se discuta sin estridencia.

En Zacatecas, a veces el cambio empieza cuando alguien se atreve a decir “quiero”, y acepta que querer no basta.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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