CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Después de una derrota no siempre hay ruptura, portazos o cuentas pendientes. A veces, el siguiente movimiento consiste en abrir una puerta distinta y convertir una aspiración frustrada en una nueva responsabilidad.
Eso es lo que podría estar ocurriendo con Ulises Mejía Haro, cuyo nombre suena para incorporarse al Gobierno de Claudia Sheinbaum, en un reacomodo que tendría consecuencias más allá de su trayectoria personal.
La versión apunta a la Subsecretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, vacante tras la salida de Leonel Cota Montaño.
El relevo de Mejía Haro todavía requiere confirmación oficial, pero la posibilidad tiene una lectura política inevitable. No se trataría únicamente de encontrarle acomodo a quien buscó encabezar la organización de Morena en Zacatecas y no obtuvo la designación. También sería una señal desde Palacio Nacional sobre cómo administrar las diferencias sin convertirlas en fracturas.
Ulises no es un recién llegado a la órbita presidencial. Fue coordinador de los trabajos de Claudia Sheinbaum en Zacatecas durante el proceso interno rumbo a la elección de 2024. Esa relación política, sumada a su trayectoria como alcalde de la capital y diputado federal, ayuda a entender por qué su eventual incorporación al gabinete tendría un significado que rebasa el currículum.
La lectura más interesante, sin embargo, está en otro lado. Si el movimiento se concreta, Sheinbaum podría enviar dos mensajes simultáneos: reconocer el capital político de Ulises y, al mismo tiempo, respaldar la decisión que colocó a Verónica Díaz Robles al frente de la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación.
No son señales incompatibles. Al contrario. La unidad de un partido no consiste en que todos ganen la misma posición, sino en que quienes no la obtuvieron encuentren razones para seguir dentro del proyecto y respetar el resultado.
Verónica recibió la responsabilidad de conducir la organización estatal; Ulises podría asumir una tarea de alcance nacional. Cada uno tendría un espacio distinto, pero ambos permanecerían dentro del mismo movimiento.
Para Verónica, el respaldo presidencial tendría un valor adicional. Una cosa es recibir una designación partidista y otra comprobar que, después de ella, los principales grupos encuentran cauces para continuar.
La coordinación no se fortalece solamente con el título. Se fortalece cuando las diferencias dejan de operar como obstáculos y comienzan a traducirse en acuerdos.
En ese contexto aparecen también versiones sobre posibles incorporaciones de colaboradores de Mejía Haro a delegaciones federales. Entre los nombres mencionados están Gerardo Espinosa, Martina Rodríguez, Cruz Cárdenas y Juan Manuel Lugo Botello, vinculados, respectivamente, con espacios en Gobernación, la Comisión Nacional del Agua, el Infonavit y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes. Ninguno de esos movimientos debe darse por hecho mientras no exista confirmación oficial.
Pero el planteamiento político es claro: conservar interlocución, estructura y presencia territorial. En un estado donde las disputas internas pueden prolongarse mucho después de una encuesta, mantener a los equipos dentro de una ruta común resulta tan importante como repartir responsabilidades.
El desafío será que los eventuales nombramientos no se interpreten como cuotas para tranquilizar inconformes. Las posiciones públicas implican obligaciones, presupuesto y resultados. Si llegan nuevos funcionarios, tendrán que demostrar que su capacidad de gestión sirve a los ciudadanos y no únicamente a la conservación de una corriente política.
También habrá que observar cómo se procesa el reacomodo en Zacatecas. Verónica necesitará construir acuerdos con los distintos grupos morenistas, incluidos aquellos que respaldaron otras opciones durante la contienda interna.
La unidad no puede reducirse a una fotografía ni descansar en la expectativa de que los cargos resuelvan, por sí solos, las diferencias.
Sheinbaum tiene ante sí una oportunidad de ordenar sin excluir. Para Ulises, el eventual salto al gabinete abriría una nueva etapa; para Verónica, podría significar el reconocimiento práctico de su liderazgo. Y para Morena, una prueba de madurez política antes de que las candidaturas municipales y legislativas eleven la temperatura de la competencia.
Porque ganar una coordinación es apenas el principio. Lo verdaderamente difícil comienza después: conseguir que quienes aspiraban a ocuparla trabajen bajo una misma dirección, sin renunciar a su propia fuerza.
La unidad se demuestra cuando el poder encuentra lugar para todos, sin perder de vista para quién se ejerce.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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