CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Hoy la ciudad amanece distinta. No por el clima ni por la agenda oficial, sino por el blanco. Batas blancas que dejan el hospital y toman la calle. No huyen: avanzan. Marchan despacio, con paso de guardia nocturna, de turno doblado, de promesa incumplida. Marchan quienes sostienen la vida cotidiana y descubrieron, hace años, que el Estado no siempre sostiene a quienes lo sostienen.
El conflicto parece técnico, casi burocrático. Un adeudo. Un programa. Una mesa de diálogo. Pero basta mirar los rostros para entender que aquí no se discute un trámite, sino una palabra rota.
El Programa Estatal de Profesionalización no es un incentivo discrecional: es un derecho reconocido desde 2016. Nueve años después, 300 trabajadores —288 enfermeras, 12 trabajadores sociales— siguen esperando que ese derecho cruce el puente invisible entre el papel y la nómina.
La Sección 39 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud decidió dejar de esperar en silencio. El 9 de enero ensayaron una primera advertencia: doce horas de brazos caídos. No fue un paro ciego ni un chantaje contra los pacientes. Urgencias, hospitalización y áreas críticas siguieron funcionando. La protesta se concentró donde duele al poder, no a la población: en la administración. Cinco hospitales como escenario —Fresnillo, Zacatecas, Loreto, Jerez y el Hospital de la Mujer— y una consigna implícita: cuidamos la vida, pero también la dignidad.
La respuesta oficial llegó envuelta en el lenguaje conocido de la dilación. Se habló de gestiones, de finanzas tensas, de oficios enviados a la Ciudad de México. Se mencionó a la Secretaría de Hacienda, al IMSS-Bienestar, a la transición hacia la federalización sanitaria. Verbos en futuro, responsabilidades en plural, soluciones sin fecha. La mesa de diálogo se anunció como quien coloca un curita sobre una herida antigua. El sindicato escuchó, tomó nota y respondió con una frase simple: el acuerdo se cumple cuando se paga.
Por eso hoy hay marcha. Pacífica, dicen, como si hubiera que aclararlo. Del punto conocido como Máquina 30-30 al Palacio de Gobierno. Blanco otra vez, no como símbolo de pureza sino de evidencia: aquí estamos, visibles, contables, imprescindibles. La dirigencia sindical, encabezada por Norma Castorena Berrelleza, ha sido clara: no habrá repliegue hasta que el beneficio económico se refleje en la nómina. No en un comunicado. No en una minuta. En la nómina.
El trasfondo es más profundo que un adeudo. La federalización del sistema de salud prometió orden, eficiencia, justicia laboral. En Zacatecas ha dejado, por ahora, un territorio gris donde nadie asume del todo la responsabilidad.
El Estado dice que el compromiso es heredado. La federación revisa, evalúa, pospone. Entre ambos, el trabajador queda suspendido, como paciente en camilla sin médico asignado. No es una metáfora: es la experiencia cotidiana de quienes ya han visto tomas de edificios, protestas previas, denuncias reiteradas en el Hospital General de Zacatecas. Nada nuevo. Nada resuelto.
El sindicato invoca el Artículo 123 constitucional y la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado. Las autoridades invocan la escasez presupuestal. Ambos discursos son legales. Solo uno es vivible. Porque la falta de pago no es abstracta: se traduce en turnos extras, en créditos impagables, en desgaste emocional. La profesionalización que se les adeuda no es un lujo académico; es el reconocimiento material de un trabajo especializado que el propio sistema exige.
Marchar hoy no es un acto radical. Es un gesto de memoria. Recordar, que el derecho laboral no caduca por cansancio ni se evapora con los cambios administrativos. Que la unidad sindical, tan incómoda para el poder, sigue siendo la herramienta más eficaz cuando las puertas institucionales se cierran con amabilidad.
Al final, el blanco de las batas no pide aplausos. Pide cumplimiento. Y eso, en cualquier democracia que se respete, no debería ser motivo de marcha, sino de vergüenza.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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