CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
La encuesta ya terminó. La negociación apenas comienza.
En Morena Zacatecas, la semana posterior a la designación de Verónica Díaz Robles tiene menos que ver con volver a revisar encuestas que con algo mucho más terrenal: qué lugar ocupará cada uno de los que participaron en la contienda cuando llegue la hora de repartir responsabilidades, construir candidaturas y armar la estructura con la que Morena y sus aliados enfrentarán 2027.
Porque una coordinación estatal no es el último premio de una competencia. Es apenas la primera pieza del tablero.
José Narro Céspedes ha decidido mantener la presión. Pide conocer con mayor detalle la metodología, la distribución de las encuestas y las correcciones que, según explica, modificaron su posición dentro de los resultados revisados.
Habla de un margen de error que permitiría considerar un escenario cerrado y anuncia que seguirá recorriendo Zacatecas.
Pero hay un dato que tampoco debería perderse entre las declaraciones.
Los participantes conocían desde antes las reglas del procedimiento. Sabían que la definición no dependía exclusivamente de una encuesta, sino también de consideraciones políticas de la dirigencia y de los órganos correspondientes.
Y, según lo expuesto después del encuentro nacional, los resultados fueron presentados a los participantes, quienes aceptaron por escrito respetar la determinación final.
Eso no vuelve ilegítima una pregunta posterior. Tampoco obliga a nadie a renunciar a la crítica. Pero sí coloca la discusión en otro sitio.
Porque una cosa es cuestionar un procedimiento y otra, muy distinta, utilizar la inconformidad como punto de partida para la siguiente negociación política. Y esa negociación ya comenzó.
Narro no se va. Zaira Villagrana tampoco. Los demás perfiles que participaron conservan nombre, estructura, relaciones y territorio. Algunos tienen experiencia legislativa; otros, presencia municipal; otros, organizaciones políticas y sociales construidas durante años. Ninguno desapareció porque no recibió la coordinación.
Por eso la conversación que de verdad importa rumbo a 2027 no se agota en quién acompaña a Verónica Díaz. Ahí entra también qué lugar tendrá cada uno dentro de un proyecto que aspira a competir en todo el estado.
Ahí van a caer las diputaciones federales y locales, las presidencias municipales, sindicaturas y regidurías, la estructura territorial completa y los puestos de dirección dentro del partido. Todo el mapa de decisiones que Morena tiene por repartir.
No hace falta imaginar conspiraciones. Es la política haciendo su trabajo.
Quien participa en una competencia de este tamaño lo hace porque tiene capital político y porque espera que ese capital tenga algún destino. Cuando no obtiene la posición principal, buscará preservar una parte de lo construido.
Por eso la palabra unidad adquiere ahora un significado mucho más concreto.
Unidad no será que todos repitan el nombre de Verónica Díaz. Será que quienes compitieron puedan encontrar una ruta en la que sus intereses políticos y sus proyectos tengan espacio suficiente para permanecer dentro del mismo bloque.
Y ahí estará la habilidad de todos.
Narro tendrá que demostrar que exigir transparencia no le cierra la puerta a seguir construyendo dentro de Morena. Zaira, que su llamado a la claridad puede volverse interlocución y no quedarse como una cuenta pendiente. Los que llegaron por el PT y el Verde tendrán que decidir cuánto están dispuestos a acompañar y qué condiciones ponen sobre la mesa. Y Verónica va a necesitar entender que ganar la coordinación no fue ganarlo todo.
Su mensaje ha sido territorial. Asambleas, recorridos, organización casa por casa. Es una ruta lógica para quien recibió la responsabilidad. Pero la estructura que necesitará para recorrer Zacatecas no se construye solamente con quienes estuvieron de acuerdo con el resultado. También necesitará a quienes tienen territorio propio.
Mientras Morena procesa esa negociación interna, el PT ha colocado una pieza adicional sobre la mesa. El eterno diputado federal zacatecano Reginaldo Sandoval anunció que su partido pausaría su participación en el proceso de selección de coordinaciones de Morena porque considera que sus planteamientos no fueron escuchados.
En Zacatecas, Benjamín Robles cuestionó la designación y defendió el posicionamiento de Geovanna Bañuelos.
El PT no ha anunciado una ruptura definitiva. Ha abierto, eso sí, la posibilidad de competir por separado. Y esa diferencia importa.
Porque la discusión que viene ya no será sobre quién ganó una encuesta. Será sobre cómo se construye una alianza electoral cuando cada partido necesita defender su propia fuerza, sus candidaturas y sus espacios.
Dentro de Morena pasa algo parecido: quien pierde una definición no queda automáticamente derrotado. Puede terminar como aliado, como negociador o como contrapeso, según lo que decida hacer con el capital político que le quedó.
La política tiene esa costumbre incómoda: pocas veces termina donde termina una votación.
La coordinación ya tiene nombre. Lo que todavía no tiene nombre son los acuerdos que harán posible la unidad. Y esos acuerdos no se anuncian en una encuesta. Se negocian después.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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