SAÚL MONREAL ÁVILA
Amigas y amigos que nos leen a través de LasNoticiasya, el día de hoy, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entra en una etapa decisiva, no se trata únicamente de una revisión técnica, sino de una oportunidad histórica para consolidar a Norteamérica como la región económica más dinámica del mundo, para México, este momento exige claridad estratégica, firmeza en la defensa de nuestros intereses y, sobre todo, visión de futuro.
Nuestro país ha demostrado que es un socio confiable, la integración productiva alcanzada en sectores como el automotriz, el agroindustrial y el manufacturero es prueba de ello. Hoy, más que nunca, debemos reconocer que el mercado regional representa una plataforma de crecimiento que no puede desaprovecharse, Estados Unidos y Canadá no solo son nuestros principales socios comerciales, son aliados en la construcción de cadenas de valor que compiten globalmente frente a Asia y Europa.
Sin embargo, también debemos ser autocríticos, existen áreas de oportunidad que requieren atención inmediata. La primera es la certidumbre jurídica, es decir, la inversión necesita reglas claras y estabilidad en el tiempo. Si bien hemos avanzado en fortalecer el Estado de derecho, es fundamental consolidar un entorno que dé confianza plena a quienes ven en México un destino estratégico para el nearshoring.
Otro punto clave es la infraestructura, no basta con tener ventajas geográficas; debemos traducirlas en eficiencia logística como puertos, carreteras, aduanas y energía, las cuales hay que reconocer que deben operar con estándares de primer nivel, aquí se encuentra una oportunidad operativa clara: invertir de manera inteligente en conectividad para facilitar el comercio y reducir costos, fortaleciendo así nuestra competitividad regional.
En materia laboral, México ha dado pasos importantes, pero debemos continuar garantizando condiciones dignas y cumplimiento efectivo de las normas, esto no solo responde a compromisos internacionales, sino que fortalece nuestro mercado interno y eleva la calidad de nuestra fuerza laboral.
Ahora bien, los riesgos también son evidentes como la presión de Estados Unidos para endurecer reglas de origen o limitar la participación indirecta de economías como China representa un desafío real. México debe actuar con inteligencia, en este caso, alinearse estratégicamente con Norteamérica sin renunciar a su autonomía económica, la clave está en diversificar proveeduría dentro de la región y fortalecer nuestras propias capacidades industriales.
Asimismo, la persistencia de aranceles en sectores sensibles y las diferencias en política energética exigen una diplomacia firme, pero constructiva, no se trata de confrontar, sino de encontrar puntos de equilibrio que respeten nuestra soberanía y, al mismo tiempo, mantengan la viabilidad del acuerdo.
El mayor riesgo no es la desaparición del T-MEC, sino la incertidumbre, un tratado sujeto a revisiones constantes o tensiones recurrentes puede inhibir inversiones y frenar el desarrollo. Por ello, México debe apostar por una renovación que brinde estabilidad de largo plazo.
Hoy tenemos una oportunidad única, el reacomodo global de las cadenas productivas nos coloca en una posición privilegiada. Si actuamos con responsabilidad, fortalecemos nuestras instituciones y apostamos por la innovación, México puede consolidarse como un eje industrial de Norteamérica.
El T-MEC no es solo un acuerdo comercial; es una herramienta de desarrollo para todos, eso ya está probado, aprovecharlo plenamente depende de nuestra capacidad para actuar con visión, defender nuestros intereses y construir, junto a nuestros socios, un futuro compartido con prosperidad planeada en beneficio de los tres países.
Sobre la Firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
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