Zacatecas, Zac.- La Universidad Autónoma de Zacatecas concluyó el diplomado Amores transgresores en la literatura, coordinado por Valeria Moncada León y respaldado por la Secretaría Académica y la Unidad Académica de Letras. Durante 11 sesiones, especialistas analizaron cómo la literatura ha abordado el amor, el deseo, la identidad y la transgresión de normas sociales, culturales y morales, temas que siguen generando debate en una sociedad marcada por tensiones sobre libertad, diversidad y representación.
El cierre del diplomado representa más que la conclusión de una actividad académica. Refleja una apuesta institucional por abrir espacios de reflexión sobre temas que históricamente han sido objeto de censura, estigmatización o exclusión. A través de distintas épocas, autores y corrientes literarias, los participantes examinaron cómo la literatura ha servido para cuestionar estructuras de poder, prejuicios sociales y modelos tradicionales de comportamiento.
La conferencia inaugural, impartida por Diana España Montoya bajo el título El vértigo de amar: Pasión y transgresión, abordó la relación entre el amor desmedido y las conductas que desafían límites morales o sociales. Su planteamiento permitió observar cómo la literatura ha retratado la pasión no solo como una experiencia emocional, sino también como una fuerza capaz de alterar normas establecidas y generar conflictos individuales y colectivos.
Desde una perspectiva de identidad y género, Elsa Leticia García Argüelles presentó Discurso amoroso y utopía en Gloria Anzaldúa, donde examinó la representación de mujeres mexicanas, chicanas, estadounidenses y lesbianas dentro de la ficción literaria. El análisis recuperó la importancia de autoras que han ampliado los márgenes de representación en la literatura contemporánea y que han contribuido a visibilizar experiencias tradicionalmente desplazadas de los discursos dominantes.
La revisión de los imaginarios históricos estuvo presente en la ponencia de Alberto Ortiz, Mujer, malignidad y mito en La cueva de Salamanca, de Cervantes. Su exposición exploró cómo la literatura del Renacimiento y el Barroco construyó figuras femeninas asociadas con lo maligno, revelando los mecanismos culturales mediante los cuales ciertas visiones sobre las mujeres fueron legitimadas y reproducidas durante siglos.
La diversidad sexual ocupó un lugar central en varias sesiones. Pablo Enríquez Gutiérrez analizó el amor entre hombres en la narrativa mexicana de finales del siglo XX, mientras que José Manuel Palma Márquez examinó la percepción histórica de la homosexualidad en México y su representación literaria. Ambos trabajos permitieron contextualizar la evolución de las narrativas sobre diversidad sexual y evidenciar cómo la literatura ha acompañado los cambios sociales relacionados con el reconocimiento de derechos y la inclusión.
En la misma línea, Cynthia García Bañuelos presentó una revisión de la narrativa lésbica mexicana del siglo XX a través de Amora: subversión y resistencia en las narrativas lésbicas del siglo XX. Su análisis mostró las dificultades que enfrentaron estas expresiones literarias para alcanzar legitimidad editorial y reconocimiento crítico, así como su papel en la construcción de espacios de resistencia cultural.
El diplomado también examinó las zonas más complejas y perturbadoras de la experiencia humana. Claudia Liliana González Núñez abordó la obra de Inés Arredondo desde la relación entre erotismo y sacralidad, mientras que Alejandra Flores Casas revisó Cumbres borrascosas para analizar cómo la obsesión y el amor pueden entrelazarse hasta distorsionar las relaciones humanas. Por su parte, Lourdes Ortiz Sánchez exploró las tensiones entre realidad y ficción en obras de Sergio Galindo y Sergio Magaña, poniendo énfasis en el peso de las costumbres sociales y los mecanismos de exclusión.
Uno de los enfoques más desafiantes fue el presentado por Mónica Judith Macías Villalpando, quien examinó la narrativa de Guadalupe Nettel y Liliana Blum. Su exposición abordó la representación literaria de temas incómodos o socialmente perturbadores, desde pulsiones extremas hasta conductas que confrontan las nociones convencionales de moralidad. El análisis subrayó el papel de la literatura como espacio para explorar realidades complejas que suelen permanecer fuera del discurso público.
La última conferencia estuvo a cargo de Valeria Moncada León, quien estudió dos novelas de Ana Clavel para reflexionar sobre los límites de la censura y la libertad creativa. Su propuesta giró en torno a la capacidad de la literatura para cuestionar aquello que una sociedad considera aceptable o prohibido, planteando una discusión vigente en un contexto donde los debates sobre libertad de expresión, diversidad y representación continúan ocupando un lugar relevante en la esfera pública.
La relevancia del diplomado radica en que recuperó una de las funciones esenciales de la literatura: interrogar las certezas colectivas. En tiempos de polarización cultural y disputas sobre los límites de lo que puede decirse, enseñarse o representarse, el estudio de las narrativas transgresoras permite comprender que la literatura no solo refleja la realidad, sino que también cuestiona las reglas con las que una sociedad define sus fronteras morales. La discusión académica sobre estos temas trasciende el ámbito literario porque contribuye a fortalecer el pensamiento crítico y el debate público en torno a la diversidad, la libertad y los derechos culturales.
LNY | Redacción

