ALDO PELÁEZ MEJÍA
Hay estados que se miden por su crecimiento económico, otros por su atractivo turístico y algunos —como Zacatecas— por el parte de novedades policiaco de cada mañana. Aquí la estadística dejó de ser número para convertirse en conversación cotidiana: ¿cuántos anoche?, ¿en qué municipio?, ¿otra vez en dónde mismo ? La normalización del horror es quizá el síntoma más grave de todos.
Durante los últimos años, Zacatecas ha figurado entre las entidades con mayor tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, superando en distintos momentos la media nacional. No es un dato de oposición; es un dato oficial. Y, sin embargo, el debate público suele reducirse a culpas heredadas y conferencias optimistas. Bajo la administración del oficialísimo, la narrativa ha insistido en que la coordinación con la federación y la presencia de fuerzas federales son la ruta correcta. La pregunta legítima no es si hay coordinación, sino si hay resultados sostenibles.
La estrategia nacional ha apostado por la centralización operativa y por un enfoque que privilegia programas sociales como eje preventivo. La intención puede ser loable, pero la evidencia local demuestra que los grupos criminales no suspenden actividades por decreto moral. Zacatecas es un corredor estratégico; sus carreteras conectan norte y centro del país. Donde hay logística, hay disputa. Donde hay disputa, hay violencia. Pretender que la sola presencia de uniformes resuelve el fenómeno es, cuando menos, ingenuo.
Y ahí la pregunta es; ¿ Qué dice la comunicación oficial ? : si un mes baja la incidencia, se convoca a conferencia; si sube, se habla de “eventos focalizados”. La semántica se volvió política pública. Pero el ciudadano no vive en el boletín, vive en la colonia, en la carretera oscura, en el negocio que cierra temprano por precaución.
Frente a este panorama, la oposición tiene dos caminos: el cómodo, que consiste en señalar el desastre; y el responsable, que implica presentar una alternativa seria. En el Partido Acción Nacional en Zacatecas tenemos la convicción de colocarnos en la conversación no desde el estruendo, sino desde la propuesta técnica. No se trata de militarizar más ni de prometer mano dura sin estrategia; se trata de reconstruir capacidades institucionales.
Un plan viable pasa por fortalecer de manera real a las policías municipales —mejor salario, controles de confianza transparentes, capacitación continua— y por crear una plataforma estatal de inteligencia criminal que permita anticipar, no solo reaccionar. Pasa también por blindar las carreteras con tecnología y coordinación permanente, y por establecer evaluaciones públicas trimestrales que obliguen al gabinete de seguridad a rendir cuentas con indicadores claros. Gobernar es medir, corregir y volver a medir.
Zacatecas no necesita épica ni retórica de transformación permanente. Necesita orden administrativo, coordinación efectiva y liderazgo político que asuma costos. En el PAN tenemos claro que es necesario hablar menos de pasado y más de métricas; menos de confrontación y más de soluciones posibles dentro del marco presupuestal real.
Porque al final, la seguridad no es una bandera partidista: es el piso mínimo para cualquier proyecto de desarrollo. Y mientras ese piso siga agrietado, cualquier discurso —oficial u opositor— será apenas eso: discurso.
En Zacatecas, la seguridad no debería ser promesa electoral; debería ser política de Estado. Hoy no lo es. Y esa, sin duda, sigue siendo la verdadera cuestión en la mira.
Sobre la Firma
Dirigente estatal del PAN en Zacatecas, abogado y maestro en Derecho
aldopm1988@gmail.com
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