PABLO PEDROZA
“Yo respeto a Pablo Gómez
por su historia y lo respeto por su coherencia,
pero, en todo caso, será el Congreso de la Unión,
las cámaras, las que decidan”.
Ricardo Monreal
Ricardo Monreal no le ha servido para mucho –por no decir nada– a Zacatecas en los últimos años; mucho menos para su bienestar, desarrollo o mejora. Para él, Zacatecas ha sido esa placenta donde se desarrolla, se reproduce y, en muchos casos, enriquece su estirpe, junto con los satélites que giran en torno a ella y aquellos vivillos a quienes se les deja tener las uñas largas y los escrúpulos cortos con los recursos de los zacatecanos.
¿Qué le debemos a Ricardo, quien vive de sus presuntas glorias del pasado? ¿Iniciar el punto de quiebre del Issstezac y la generación de nuevos ricos y mequiafricos? ¿Vender, a quienes votaron por él, a su hermano como el más inteligente, para poco a poco cooptarle posiciones de gabinete y decisiones?
Quizá el último buen ánimo que despertó en el pueblo bueno y sabio fue cuando declaró que ya habían desgastado el apellido, conminando a Saúl a no insistir en su afán de obtener la candidatura para suceder al “más inteligente de la familia”. Solo le faltó arengar: ni un Monreal más, ni un Monreal más.
Por esto último, antimonrealistas de cepa y progresistas históricos, entre muchos otros de variopinto pelaje, comenzaron a dar por muerto a Ricardo y a la extensión de su dinastía. Pero no contaban con que, si alguien es hábil para encontrar la oportunidad de seguir vivo, es él; para eso tiene hilos o complicidades con los buenos, pero también con los malos.
Y ¿quién ha resucitado en tiempos sucesorios en Zacatecas y en dieciséis estados más a Ricardo Monreal? Pues nada más y nada menos que un admirado hombre de la izquierda progresista, digamos de alcurnia y altos vuelos, llamado Pablo Gómez Álvarez.
Escribí en agosto del año pasado en este mismo espacio: “No puede obviarse que se trata de un izquierdista de cepa y un militante dogmático de Morena, cuya experiencia de vida está marcada por su participación en el movimiento del 68, su estancia como preso político en Lecumberri y por haber sido, desde su juventud, un militante de una izquierda casi clandestina hasta la Reforma Electoral de 1977, de la cual no fue un actor principal, sino secundario y beneficiario”.
En aquel momento, un apreciado amigo me observó: “Pablo no es un dogmático”. Y le di el beneficio de la duda en ese instante. Pero, pobre de mí, como expresa cada vez más el pueblo bueno y sabio que votó en 2021 por el “más inteligente de los hermanos”: me equivoqué.
Es más, no solo me equivoqué, sino que en mi primera apreciación me quedé corto.
Pablo Gómez Álvarez se nos reveló esta semana como un déspota dogmático y un demócrata de aplanadora, al estilo de los que tenemos en las Cámaras, donde podemos tener oídos sordos para escuchar todas las voces e integrar un modelo de representación plural y democrática.
Ni Luis Echeverría Álvarez ni José López Portillo, y quienes les acompañaron en las reformas legales del 73 y la reforma del 77, se mostraron tan déspotas o tozudos como lo hizo Pablo Gómez Álvarez este inicio de semana, quien con una sola frase dio al traste con lo que parecía la construcción abierta y participativa de la sociedad para la reforma, así como con la sensibilidad perceptiva de la Comisión Presidencial. Pero no.
Primero fue su postura en el sentido de que “un órgano administrativo como el INE no puede ser autónomo”. Para rematar, afirmó que la reforma electoral no será producto del “consenso” entre fuerzas políticas. Sin precisar los alcances, tal declaración encendió las alertas de quienes se habían mantenido distantes, la oposición.
Luego continuó con un “la mayoría hará valer su fuerza, las decisiones serán tomadas por la mayoría”. Como quien tira a la basura las participaciones en foros y plataformas en diferentes partes del país, en un falso ejercicio de apertura y pluralidad, así se escuchó la postura de este déspota dogmático.
Esta última frase fue interpretada de inmediato como la advertencia de una reforma a modo del poder, para no soltar el poder. Ahí fue donde Ricardo Monreal encontró la circunstancia para meterse, otra vez, hasta la cocina.
Sobre la postura de Pablo Gómez, declaró: “Yo respeto a Pablo Gómez por su historia y lo respeto por su coherencia, pero, en todo caso, será el Congreso de la Unión, las cámaras, las que decidan.
Casi casi mientras Pablo tiraba al monte, Ricardo le recordó: tú redactas el texto, pero yo opero los votos y los ajustes necesarios para ello.
Igualmente, utilizando aquello de que “nadie se resiste a un apapacho político”, mandó un mensaje al INE y a sus consejeros, a esos que Pablo paró en seco e ignoró olímpicamente.
“Los consejeros, que son profesionales, deberían saber o recordar que no hubiese habido premura o apresuramiento, sino que el lugar natural para hacer propuestas de modificación son las cámaras del Congreso de la Unión. Ellos tienen capacidad jurídica y técnica para saber que el único que puede modificar reglas jurídicas y normas electorales es el Congreso de la Unión”.
Así precisó la disposición de los diputados a escuchar a los consejeros electorales y otros actores involucrados en la reforma, y discrepó del cuestionamiento de Pablo Gómez a la autonomía del INE.
Remató señalando que, en materia de la Reforma Electoral, la última palabra la tiene el Congreso.
Aprovechó para darle una clase de política a Pablo Gómez, en razón de lo que para Claudia Sheinbaum está en juego en el 2027: la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.
Puso sobre la mesa lo siguiente: “El primer acuerdo al que debemos de llegar, incluso antes de ser presentada la iniciativa, es con el Partido Verde y con el Partido del Trabajo, que han sido actores políticos aliados con características de lealtad e institucionalidad, y que ellos tienen que ser los primeros en conocer los alcances de la iniciativa y también conocer sus aportaciones. Simple y sencillamente, si no tenemos el parecer de los dos partidos o nos falta uno de ellos, pues la reforma constitucional no tiene posibilidades de salir”.
Porque es cierto: conservar o ganar gubernaturas es importante, pero en términos reales un gobernador, por muy autónomo que sea, seguirá en un papel de subordinación o de coordinación necesaria con la Presidencia de la República y el gobierno federal para la solución de los asuntos. Para fortalecer este argumento, vea usted al pobre de David Monreal con el tema de los frijoleros, donde semana sí y semana también los de Alimentación para el Bienestar se la pasan viéndole la cara y dejándolo en mal.
Así, un gobernador, más allá de su signo partidario, estará en una posición de cooperación, coordinación o subordinación con el gobierno de Claudia Sheinbaum hasta el 2030. Pero si pierde su cómoda mayoría en la Cámara de Diputados, Claudia sí tendría un dolor de cabeza para mantener el ritmo y el gasto del segundo piso de la transformación.
Ricardo buscará consensar con los hasta ahora aliados. Les dirá exactamente a lo que aspiran para mantener la cooperación, o hará agregados que aceiten sus intereses, no solo en Zacatecas sino en otras entidades, para lo bueno y para lo malo.
A Pablo Gómez hoy muchos lo ven con desconfianza y, quizá, también como lo dibuja Diego Petersen:
“En su larga trayectoria en la izquierda, primero en el Partido Comunista, luego en el Socialista Unificado de México, después en el PRD y ahora en Morena, se ha caracterizado por dos cosas: adecuarse al discurso de moda (cuando hubo que ser demócrata se disfrazó como tal) y nunca haber dejado ir un hueso, viviendo siempre del presupuesto. Luis González de Alba nunca lo bajó de farsante, pero la más dura descripción del personaje la hizo María Fernanda Campa, la hija del legendario líder de la izquierda Valentín Campa: ‘Pablo Gómez no hizo nada por las causas de la izquierda, nunca ha hecho nada, siempre ha estado en las Cámaras, pasa de una a otra’. Con tal de vivir del presupuesto, aceptó incluso dirigir la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) sin tener el perfil y los conocimientos para ello. El resultado fue nulo”.
“Como coordinador de la comisión presidencial para la reforma electoral, Pablo Gómez ha hecho hablar a mucha gente, pero no ha escuchado a nadie. El ‘luchador social’ está dispuesto a echar por la borda las instituciones democráticas del país por el simple hecho de que ahora están ellos.”
Acá en la aldea habrá quien festeje y quien se enmuine por esta nueva oportunidad que abrió Pablo Gómez a Ricardo Monreal para colarse a la gran fiesta. Habrá que observar lo que viene. David estará en segundo lugar en esta fiesta, por muy titular del Ejecutivo que sea.
De Salida
UNO. Ayer mismo, Claudia Sheinbaum reunió a los miembros de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, a Ricardo Monreal y a Adán Augusto López, para afinar la iniciativa.
Anuncia Ricardo el primer golpe a Pablo Gómez: se garantiza la autonomía del INE y se habla de doce modificaciones más.
DOS. Contrario a la cerrazón de Pablo, “la Presidenta insistió sobre la necesidad de las consultas —que se supone ya fueron hechas— y de que la gente opinara sobre los temas más importantes, a través de los cuales el país estaba oscilando; temas como la reducción del gasto electoral, de los órganos e incluso de los partidos, o temas como el del fuero de legisladores”.
TRES. Para atención en Zacatecas, porque pueden resucitar quienes ya se consideraban muertos, o aparecer perfiles de regular monta. Al término de la reunión con Claudia, quien dio la cara no fue Pablo, sino Ricardo. El balón cambió de mano y la interlocución también.
En la aldea, la atención pública está en el Issstezac, los ya permanentes conflictos con sindicatos, frijoleros y agentes educativos. Nada más no le hayan. Ni le hallarán.
En las redes, Jorge Rada se monta, y la periodista Verónica Trujillo sigue siendo un tema.
Sobre la Firma
Columnista con experiencia pública y mirada crítica.
pablorafael1966@gmail.com
BIO completa


