NOEMÍ LUNA AYALA
El 28 de diciembre de 2025 no solo se salió de las vías un tren en Oaxaca; también descarriló la narrativa oficial de eficiencia y seguridad que acompañaba a los megaproyectos ferroviarios del gobierno morenista.
El accidente del Tren Interoceánico, ocurrido en la línea Z, no fue una broma tétrica de aquel Día de los Inocentes. La tragedia dejó 14 personas fallecidas y cerca de un centenar de heridos.
Ese no fue un “hecho aislado”: es el síntoma de una cadena de decisiones políticas, omisiones administrativas y actos de corrupción.
Especialistas apuntan a fallas en la construcción, desgaste de rieles, problemas mecánicos y el uso de vagones y locomotoras de segunda mano, fabricadas entre 1976 y 1982.
Tras la tragedia, a la memoria colectiva regresan las burlas de los amigos de los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador por el “negociazo” hecho con la venta de balastro de mala calidad: “ya cuando se descarrile será otro pedo”… y ya se descarriló.
Si el proyecto arrastraba reportes previos de irregularidades técnicas y de gestión financiera, ¿por qué se le permitió operar? La intervención del gobierno —o su ausencia efectiva— resulta clave. Es ahí donde la responsabilidad política se vuelve ineludible.
Felicito a la familia Iglesias Temích por exigir lo que en justicia merecen: una investigación objetiva, castigo a los responsables y reparación del daño. Ojalá las demás víctimas sigan su ejemplo.
En el PAN también presentamos una denuncia ante la Fiscalía General de la República. Lo hicimos en contra de Gonzalo “Bobby” López Beltrán, asesor honorífico y supervisor del proyecto, así como de otros funcionarios y empresarios, por los delitos de corrupción, omisión y homicidio culposo. Además, pedimos que se haga una investigación seria y transparente.
Sin duda, los descarrilamientos de los trenes Interoceánico y Maya ponen en duda la viabilidad de los megaproyectos presentados por la llamada 4T como estratégicos para el desarrollo nacional, pues cuando las promesas se construyen con corrupción, sin cuidado, sin mantenimiento y sin rendición de cuentas, el resultado es letal.
Cuando el Estado falla en lo más básico, que es proteger la vida, ninguna obra, por ambiciosa que sea, merece seguir avanzando sobre rieles inseguros.
La indignación es mayor cuando observamos que Morena escatimó recursos para el buen funcionamiento de los proyectos ferroviarios y, en cambio, sí destinó casi 20 millones de pesos a una megafiesta por los siete años del régimen.
¿Dónde están las prioridades de la deformación de cuarta?
Sobre la Firma
Legisladora combativa y constitucionalista firme con liderazgo panista con filo crítico.
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