miércoles, mayo 13, 2026
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El Dedo en la Llaga | Cuando el gobierno deja de escuchar

RAFAEL CANDELAS SALINAS

Las marchas en Zacatecas no son nuevas, las manifestaciones tampoco, los reclamos del campo, mucho menos.

Los campesinos, agricultores y frijoleros llevan años enfrentando sequías, bajos precios, abandono institucional y promesas incumplidas, pero lo que sí es nuevo, y preocupante, es la manera en que el gobierno estatal decidió reaccionar ante una protesta legítima, pues en lugar de hacerlo con diálogo o sensibilidad política, decidió utilizar la confrontación y la fuerza.

Y ahí fue donde el problema dejó de ser solamente de los frijoleros, porque una movilización que pudo haberse atendido con prudencia terminó creciendo hasta convertirse en un símbolo del hartazgo social que hoy sienten muchos sectores en Zacatecas.

El gobierno estatal ha insistido en que el conflicto de fondo corresponde a la federación, lo cual puede ser cierto. El precio del frijol, los mecanismos de comercialización y buena parte de la política agropecuaria dependen del gobierno federal, pero precisamente por eso, lo deseable o por lo menos lógico, era que el gobierno estatal acompañara a sus productores, respaldara sus demandas y fungiera como puente institucional, no como muro de contención.

Había muchas maneras de manejar el conflicto, pero eligieron la peor, porque mientras los campesinos exigían atención, el gobierno parecía más preocupado por garantizar que se realizara un concierto con motivo del Día de las Madres, y cuando los manifestantes intentaron hacerse visibles, la respuesta fue la represión.

Nunca es buena idea intentar resolver un problema político con policías, mucho menos cuando quienes protestan no son delincuentes, sino ciudadanos con una legítima demanda que sienten que ya agotaron todos los caminos para ser escuchados.

Realmente no sé qué estaría pensando quien dio la orden de reprimir, pero de lo que sí estoy seguro es que el resultado fue exactamente el contrario al que seguramente esperaba el gobierno, ya que lo único que lograron fue unir a distintos sectores, pero en su contra.

Lo que inició como una protesta campesina terminó convirtiéndose en una gran movilización social donde comenzaron a coincidir maestros, trabajadores de salud, mineros, jóvenes, estudiantes, jubilados, mujeres y distintos grupos que, aunque tienen demandas diferentes, comparten una misma sensación, la de sentirse ignorados.

Y eso es justamente lo delicado, porque los gobiernos no se desgastan solamente por los problemas que enfrentan, sino por la manera en que reaccionan frente a ellos. Hay gobiernos que dialogan, escuchan, contienen y negocian, y hay gobiernos que ignoran, provocan, minimizan y reprimen. La diferencia entre unos y otros no está en el tamaño del conflicto, sino en el tamaño del oficio político.

Gobernar no consiste en ejercer el poder contra los gobernados, gobernar implica entender que la política existe precisamente para evitar que los conflictos escalen, la fuerza pública puede dispersar una manifestación por unas horas, el diálogo puede resolver un problema de fondo.

Por eso resulta difícil entender la insistencia en sostener estrategias y personajes, desgastados por sus constantes y recurrentes yerros, que desde hace tiempo han demostrado incapacidad para conducir la política interior del estado, pero parece que, aunque los propios manifestantes ya comenzaron incluso a exigir cambios dentro del gabinete estatal, la reacción vuelve a ser la misma, ignorar, hacerse como no escuchan y encapricharse en sostenerlo aunque ello provoque aún más desgaste al gobierno y su titular. Y no se trata solamente de nombres, se trata de resultados, los cuales están a la vista.

Cada reacción equivocada ha generado más enojo, cada gesto de cerrazón ha provocado más movilización, cada intento de minimizar el problema lo ha hecho más grande.

Mientras tanto, resulta inevitable la comparación con la reacción de la gobernadora de Aguascalientes ante un conflicto que ni siquiera es suyo, pues bastó un comentario del alcalde de Zacatecas Miguel Varela Pinedo para que la gobernadora decidiera intervenir ofreciendo apoyo para adquirir mil quinientas toneladas de frijol. Más allá del impacto real de la medida, hubo algo políticamente importante, alguien salió a dar la cara, uno que se atrevió a hablar por sus paisanos y otra que demostró oficio y sensibilidad política.

Aquí, en cambio, pareciera seguir predominando la vieja política del avestruz, esconder la cabeza, guardar silencio y esperar a que el problema pase solo, mientras ocurre otro escándalo, pero alguien debería decirles que los problemas sociales no desaparecen ignorándolos, mucho menos reprimiéndolos.

A este gobierno todavía le queda poco más de un año, uno esperaría, como zacatecano, que fuera suficiente para corregir, para reconstruir puentes y para entender que ningún conflicto social mejora cuando se responde con soberbia.

Ojalá impere el diálogo, ojalá regrese el oficio político, ojalá alguien entienda que escuchar no debilita a un gobierno, lo fortalece; porque al final, el verdadero tamaño de un gobernante no se mide por la fuerza que puede ejercer, sino por su capacidad para evitar tener que usarla.

Gracias por leer El Dedo en la Llaga… Nos vemos pronto.

Sobre la Firma

Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
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