TANIA LIBERTAD SÁNCHEZ ROMERO
Decidir ser docente implica mucho más que transmitir conocimientos. Significa asumir una responsabilidad frente a personas que llegan al aula con historias, necesidades, expectativas, diferencias y, sobre todo, con derechos. Por ello, hablar de derechos humanos en la educación no debería ser un tema complementario, sino uno de los principios que orienten nuestra práctica cotidiana, particularmente en la Educación Media Superior.
Un referente histórico fundamental es el 10 de diciembre de 1948, fecha en que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En su artículo 26 se reconoce que toda persona tiene derecho a la educación y que esta debe orientarse al pleno desarrollo de la personalidad y al fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales.
En México, este enfoque adquirió una dimensión constitucional especialmente importante con la reforma en materia de derechos humanos de 2011, que fortaleció el reconocimiento y la protección de los derechos humanos y estableció su relevancia en la actuación de las instituciones públicas y educativas.
En la Educación Media Superior, este compromiso adquiere especial relevancia. Trabajamos con jóvenes que están construyendo su identidad, sus proyectos de vida y su manera de relacionarse con los demás. El aula debe ser un espacio donde se aprenda matemáticas, ciencias, historia o literatura, pero también donde se aprenda a convivir, dialogar, reconocer las diferencias y respetar la dignidad de cada persona.
En este sentido, quiero expresar mi reconocimiento y profundo agradecimiento a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas, a sus comisionadas y comisionados, y de manera especial a su ombudsperson, la Dra. Maricela Dimas Reveles, por la entrega al Plantel 2 de la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ del distintivo “Derechos Humanos y Educación para la Paz”.
Este distintivo representa para nuestra comunidad educativa un reconocimiento, pero también un compromiso. Nos recuerda que la educación para la paz no se limita a un discurso: se construye todos los días en nuestras aulas, en la manera en que nos relacionamos, resolvemos conflictos, reconocemos la diversidad y garantizamos espacios de respeto y convivencia.
Porque educar no es solamente preparar para aprobar una asignatura. Educar también es formar personas capaces de reconocer sus propios derechos, respetar los derechos de los demás y contribuir a una sociedad más justa y pacífica.
Sobre la Firma
Médica y académica, actualmente dirige la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ
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