sábado, marzo 28, 2026
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Bad Bunny convierte Super Bowl en un alegato por la identidad latina

El artista puertorriqueño Bad Bunny transformó el espectáculo del intermedio de la Super Bowl LX en un hito político y cultural al utilizar el español como lengua vehicular ante una audiencia global de millones de espectadores. En una actuación de trece minutos en Santa Clara, California, el músico de 31 años desplegó una narrativa de resistencia que reivindicó las raíces caribeñas frente a la polarización política y el discurso nacionalista en Estados Unidos.

La puesta en escena comenzó con una carga simbólica profunda al situar al intérprete en un campo de caña de azúcar, cultivo estrechamente vinculado a la historia de explotación colonial en Puerto Rico. A través de un laberinto habitado por figuras de la vida cotidiana isleña —vendedores ambulantes, boxeadores y jugadores de dominó—, el artista transitó hacia una estructura que replicaba una vivienda tradicional puertorriqueña, conocida como la casita. Desde este espacio, que funcionó como epicentro de una “nación sin fronteras”, Bad Bunny proyectó una atmósfera de orgullo cultural que desafió las convenciones anglocéntricas del evento deportivo más visto del mundo.

El momento de mayor tensión institucional se produjo con la interpretación de El apagón, pieza que ha escalado como himno contra las desigualdades estructurales. La escenografía mostró a trabajadores cayendo de postes eléctricos entre chispas, una referencia explícita a la crisis energética que asoló a Puerto Rico tras el huracán María en 2017 y a la gestión de las infraestructuras en el territorio. El artista, vestido con un atuendo sobrio de la firma española Zara que lucía el número 64 —en homenaje a un familiar fallecido, aunque interpretado por sectores del público como una alusión a las cifras oficiales de víctimas del desastre natural—, mantuvo un aplomo que fue leído como una respuesta estética a quienes tildaron su participación de antiestadounidense.

La red de colaboraciones durante el intermedio reforzó la idea de una fuerza cultural autónoma. La presencia de figuras como Ricky Martin, Cardi B, Karol G y Pedro Pascal subrayó el peso de la comunidad latina en la industria del entretenimiento global. Martin interpretó fragmentos de Lo que le pasó a Hawaii, una letra que alude al colonialismo contemporáneo, mientras que el resto de los invitados validó una puesta en escena que solo se alejó del español durante la intervención de Lady Gaga. El espectáculo también sirvió para reivindicar el reguetón como patrimonio cultural al integrar fragmentos de clásicos de Don Omar y Daddy Yankee, junto a coreografías inclusivas que incorporaron a parejas del mismo sexo.

La respuesta política no se limitó a las redes sociales. Sectores conservadores organizaron un evento paralelo denominado All-American Halftime Show, encabezado por el músico Kid Rock, con el objetivo de posicionar estilos musicales que consideran genuinamente estadounidenses frente a lo que percibieron como una intrusión lingüística. Sin embargo, Bad Bunny cerró su actuación con un mensaje de integración continental, exclamando “Dios bendiga a América” mientras se proyectaban banderas de toda la región, desde Chile hasta Canadá. Al exhibir un balón con la inscripción Juntos somos América, el artista puertorriqueño selló una actuación que redefine los límites de la identidad nacional en Estados Unidos a través de la diversidad y el reconocimiento de sus raíces hispanas.

LNy | Redacción

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