Zacatecas, Zac.- El obispo de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, inauguró este Miércoles de Ceniza el periodo de Cuaresma con un llamado a la coherencia personal, instando a los fieles a trascender el ritualismo externo para adoptar compromisos tangibles de justicia y caridad, en un contexto regional marcado por la parálisis económica del comercio local y la emergencia por incendios forestales.
La jornada litúrgica en Zacatecas evidenció una notable afluencia de ciudadanos a los templos, pero la jerarquía eclesiástica ha optado por un discurso de exigencia que se aleja de la complacencia institucional. Desde las celebraciones previas en la Catedral Basílica de la Asunción de Nuestra Señora, Noriega Barceló ha sentado las bases de una doctrina que prioriza el examen de conciencia y la revisión de vida sobre el cumplimiento de normas externas, bajo la premisa de que la práctica religiosa carece de sentido si no deriva en cambios visibles de conducta hacia el entorno social.
El prelado ha definido tres ejes de actuación para los próximos 40 días: la oración como diálogo, la limosna como acto de misericordia y un ayuno que el obispo ha elevado a una dimensión ética. Esta restricción no debe limitarse al consumo de alimentos, sino extenderse a la “palabrería” y a los “juicios temerarios”, en una clara crítica a la degradación del respeto en la convivencia ciudadana. Mediante la metáfora de “enlutar el corazón” y no los vestidos, la Iglesia local busca despojar a la festividad de su carácter ornamental para convertirla en un ejercicio de madurez y responsabilidad civil.
Esta apelación a la transformación interna se produce en un escenario de complejidad para la entidad. Los comerciantes locales reportan bajas ventas en el arranque de la temporada, un indicador de la fragilidad económica que atraviesa el sector ante los cambios en los hábitos de consumo.
LNY | Redacción

