SARA LOVERA
Decía Jesús Reyes Heroles que en política la forma es fondo. Por primera vez en la historia, la oficialidad conmemora el 8 de marzo en un espacio militar. El Campo Marte, que en 1968, funcionó como base logística desde donde columnas militares se desplazaron hacia Tlatelolco.
Tras la matanza, muchos detenidos fueron trasladados al Campo Marte, uno de los puntos clave de la coordinación militar de los funestos hechos de la Masacre de Tlatelolco. ¿Por qué eligió ese sitio?
Ahí, la presidenta hizo un discurso que explica claramente lo que piensa que somos las mujeres: tejedoras de la patria y servidoras de la nación. Nuestros valores, el sacrificio y el amor; nuestra misión, dar la vida por el pueblo. Y sí, consideró que hemos avanzado, ocupando espacios en todas las actividades, siempre con disciplina y responsabilidad. Es decir, nos describió desde la concepción más tradicional que imaginamos. Reafirmó esa visión que explica la ausencia absoluta de una política de género. Y arrancó llamando al reconocimiento de las mujeres de las fuerzas armadas, por su entereza.
El 8 de marzo, en México, encabezado por una primera mujer, no dignifica el derecho a nuestras libertades, ni a nuestros cuerpos, ni a la justicia. Habló desde la tribuna del poder militar, el más simbólico de la fuerza masculina: el poder no de la razón, sino de la guerra; el poder misógino que exige obediencia y sumisión al sistema y al proyecto de nación en turno.
Me pregunto cuál es el mensaje presidencial. ¿Es un recurso de la presidenta para sus adversarios dentro de Morena? ¿Es el uso del Día Internacional de la Mujer para reafirmarse como jefa de Estado y de las fuerzas armadas? ¿Es, tal vez, un mensaje simbólico para advertir que deben aprobarse sus propuestas electorales?
Olvidó la presidenta, en su discurso histórico, a las víctimas del feminicidio; olvidó las obligaciones de su gobierno para acabar con el binomio políticos/narcos que ha segado las vidas de hijos e hijas de millones de mexicanas. ¿Qué nos quiso decir a quienes no queremos el sacrificio de las mujeres ni la renuncia a sus demandas? ¿De qué mexicanas hablaba?
El feminismo, en 1910, planteó precisamente cómo limitar a los ejércitos y tejer no la patria, sino la matria: un camino donde las mujeres, en igualdad, olvidaran que deben sacrificarse para sobrevivir y recobrar sus cuerpos y sus vidas.
Olvidó la presidenta que, en 2026, el reclamo de la Organización de las Naciones Unidas es justicia para las mujeres: justicia laboral, justicia frente a la impunidad y justicia para migrantes y desplazadas por la violencia militar y paramilitar.
Tristemente, no es tiempo de mujeres, sino de súbditas, a quienes se les reclama valor y sacrificio por la patria. Veremos
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Periodista crítica, editora y activista feminista.
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