miércoles, enero 28, 2026
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El Dedo en la Llaga | FITUR 2026: el turismo que no llega

RAFAEL CANDELAS SALINAS

Estos días se llevó a cabo en Madrid la 46ª edición de la Feria Internacional de Turismo (FITUR), la más importante del mundo en su tipo. Y según las cifras finales de la organización, más de 255 mil visitantes acudieron a la feria durante sus cinco jornadas, superando ligeramente la cifra de ediciones anteriores y consolidando a FITUR como el foro global más relevante del sector turístico.

Según esta misma fuente, más de 10 mil empresas de 161 países estuvieron representadas, incluyendo a 111 con representación oficial y 967 expositores titulares en total. Además, la feria generó un impacto económico estimado en 505 millones de euros para la ciudad de Madrid, unos 11 mil 615 millones de pesos mexicanos, algo así como el 25% del presupuesto de todo el año para el estado de Zacatecas.

México participó como país socio/invitado, con un despliegue sin precedentes en la historia de FITUR, el pabellón más grande de las Américas, con presencia de las 32 entidades del país y una delegación de más de 800 integrantes entre autoridades, empresarios, prestadores de servicios y uno que otro colado.

Sobre el papel, todo eso suena impresionante. Es un escaparate global para presumir nuestras playas, ciudades coloniales, riqueza cultural, gastronomía y naturaleza. Y sí, México merece y debe posicionarse como destino turístico mundial.

Pero antes de arrancar los aplausos, vale la pena preguntarnos: ¿Qué busca el turista? ¿Qué quiere? ¿En qué piensa antes de elegir un destino?

Porque en el caso de Zacatecas —y de muchas otras ciudades del país— con problemas estructurales de inseguridad, conectividad y servicios, vale preguntarse si realmente creemos que basta con ir a Madrid, montar un stand (que a veces parece más un puesto de feria), repartir folletos y tomarse fotos oficiales para atraer visitantes.

¿No deberíamos primero ordenar la casa? ¿Mejorar la conectividad aérea? ¿Arreglar carreteras? ¿Garantizar la seguridad? ¿Elevar la calidad y variedad de servicios turísticos? ¿Construir infraestructura básica y competitiva?

Porque sin eso, cualquier esfuerzo de promoción es maquillaje… y del barato.

Y es que hay contrastes que duelen, porque mientras el gobierno de Guanajuato anunció en el marco de la FITUR haber concretado un vuelo directo El Bajío–Madrid, apuntalando conectividad internacional real, Zacatecas no ha logrado ni siquiera mejorar la conectividad aérea con la Ciudad de México o algunos otros destinos nacionales que pudieran convertirse en una plataforma para los visitantes. Seguimos con un par de vuelos diarios a la Ciudad de México —caros, con horarios poco atractivos— otro a Tijuana y algunas rutas esporádicas a EE. UU., como Dallas y Los Ángeles, sin competencia que baje precios ni mejores horarios para turistas. Aeropuertos como el de San Luis Potosí y Aguascalientes que están a hora y media de nuestra capital nos llevan una gran ventaja en ese sentido.

¿Qué nos pasa? ¿De verdad pensamos que con esa conectividad basta para competir por visitantes nacionales e internacionales?

Pero eso no es todo, gobiernos como el de Estados Unidos y Canadá siguen emitiendo alertas de viaje para Zacatecas y otras ciudades mexicanas por motivos de seguridad. Ante esa realidad, la pregunta no puede ser más directa: ¿De verdad creen que turistas extranjeros elegirán esos destinos con alertas de riesgo solo porque fueron a tomarse una foto institucional en Madrid?

Eso no borra los problemas de violencia, extorsión o carreteras inseguras que muchas familias -y no se diga los migrantes- enfrentan cotidianamente. Tal vez, antes de soñar con turistas europeos, deberíamos concentrarnos en algo mucho más realista, atraer primero a nuestros vecinos.

Gente de Monterrey, Guadalajara, Coahuila, San Luis Potosí, Tamaulipas, Querétaro, Aguascalientes, estados que están a unas pocas horas de distancia, aunque con frecuencia suele aparecer el clásico reclamo: “Es que ellos nos hacen mala publicidad.”

Pero habría que preguntarnos con honestidad: ¿La mala publicidad nos la hacen ellos o nos la hacemos nosotros mismos con nuestros problemas de inseguridad, servicios deficientes y abandono institucional?

Los números no mienten, estudios del sector indican que la estancia promedio de quienes visitan Zacatecas ronda alrededor de un día y medio. Vienen, recorren el Centro Histórico, toman fotos y se van.

¿Por qué?

Pues porque nuestra propuesta turística es limitada, poco diversa y mal articulada. Entre otras cosas, faltan ofertas atractivas para el turismo familiar —ni siquiera tenemos un hotel con una buena alberca—; no hay suficientes lugares para el entretenimiento nocturno de buen nivel para adultos que quieran algo más que un bar improvisado o una cantina ruidosa; no hay una oferta clara y estructurada para niños y adolescentes; no contamos con un centro comercial moderno que complemente la experiencia del visitante; la oferta gastronómica es reducida y, en muchos casos, sin menús en inglés ni personal capacitado para atender al turismo internacional.

Y lo más grave: ni siquiera hemos sabido vender lo que ya tenemos. Zacatecas cuenta con museos de primer nivel como el Pedro Coronel, el Rafael Coronel, el Francisco Goitia, el Manuel Felguerez, el Museo Zacatecano, el Museo Virreinal de Guadalupe (que cuenta con uno de los acervos de arte sacro más importantes del país), el de Arte Abstracto, o el de la Toma de Zacatecas ubicado en el Cerro de La Bufa, que podrían ser anclas culturales de estancias largas, pero permanecen subutilizados y pobremente promocionados.

Tenemos también, a pocos minutos, joyas como Jerez, Pueblo Mágico con enorme potencial; Susticacán, con su encanto serrano; la zona arqueológica de Chicomostoc; rutas religiosas, haciendas, viñedos, paisajes naturales y comunidades con identidad propia.

Todo eso podría integrarse en circuitos turísticos reales, experiencias de dos, tres o cuatro días, pero no lo hacemos. Así, el visitante se queda con la sensación de que “ya vio todo” en una tarde. Y se va. Si aún con eso no somos capaces de atraer al turista nacional, imaginemos lo que falta para atraer al extranjero.

Quizá una de las estrategias más inteligentes —y menos exploradas— sería voltear a ver a nuestros migrantes zacatecanos en el extranjero. Ellos conocen el estado, tienen raíces, podrían ser nuestros mejores embajadores. Pero en lugar de eso, muchas veces los tratamos como cajeros automáticos que solo sirven para enviar remesas. Grave error.

Nadie duda de que Zacatecas necesita reactivar su turismo, esa “industria sin chimeneas” que tanto podría ayudar a mover la economía, devolverle vida al Centro Histórico, fortalecer a nuestros pueblos mágicos y generar empleos.

Pero no nos engañemos, el turismo se construye con seguridad, servicios, infraestructura, conectividad y confianza. De nada sirve querer ser escaparate internacional si en casa seguimos teniendo los focos fundidos. No podemos seguir siendo candil de la calle y oscuridad de la casa.

Primero arreglemos nuestro hogar. Luego, con orgullo, salgamos a ofrecerlo al mundo.

Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.

Sobre la Firma

Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
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