
RAÚL MANDUJANO SERRANO
Hoy en esa vieja cafetería del Centro Histórico, Brenda, mi siempre amable waitress retira los últimos adornos de una complicada Navidad. El año nuevo tampoco es halagüeño.
Hace unos días, un agente del ICE disparó y mató arteramente a una mujer en Minneapolis. Pero la respuesta de la autoridad fue todavía más preocupante. Dijeron que la mujer intentó arrollar a los federales. Trump calificó a la víctima como “terrorista”, su palabra favorita para justificar legalmente los asesinatos. Las protestas urbanas son muchas y Trump amenaza con invocar la Ley de Insurrección en esa localidad.
Esos operativos, escuche bien, han causado el asesinato de al menos 8 personas, pero 32 más han muerto en custodia, atribuibles a las formas en que son sometidos y que les generaron fallas cardiacas, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia respiratoria y suicidios. Los centros de detención tienen recluidas actualmente a unas 67 mil personas, acusadas no por su estancia ilegal, no, sino por terrorismo. Lo están en terribles condiciones en centros apodados como Alligator Alcatraz, el “Speedway Slammer”, “Deportation Depot”, el “Cornhusker Clink” y “Camp 57”. Y si, también está la deportación de casi un millón de ‘ilegales’ asegurados.
Y con toda esa oleada de violencia, Trump cree que merecía el premio nobel de la paz por impedir varias guerras (que nadie sabe en dónde). El gen tiránico prevalece en ese tipo de empoderados y mesiánicos gobernantes. Bueno, ya hasta se proclamó presidente interino de Venezuela, atacó a Irán, quiere apoderarse de Groenlandia y amenaza con atacar a los terroristas en Cuba, Colombia y México.
La soberbia distingue a dictadores que creían tener la razón y asesinaban sin cansancio para demostrarlo, como Gadafi en Libia, Saddam en Irak, Hitler en Alemania o Noriega en Panamá, por citar a algunos.
Colofón. – Las letras no importan
Mientras degusta de un vaso de garapiña, esa helada bebida con 91 años de historia, que se vende en una de esas memorables alacenas de los portales de Toluca, el amanuense observa como otra tradición de esos pórticos -ésta de carácter literario-, pronto será desterrada por un gobierno municipal enfocado en la espectacularidad. Mire Usted, por allá de 1983, el mimo internacional, Alfonso Virchez, junto con el escritor Juan Hinojosa, fundaron el Centro Toluqueño de Escritores. Pocos, hoy en día, conocen el espacio que ha dado vida a la imaginación literaria de cientos de escribanos locales.
Es una batalla entre los ideales y la sinrazón para conservar un recinto con 42 años de historia. Por un lado, está el sentimentalismo por las letras y la cultura, por el otro, que es un inmueble propiedad del Ayuntamiento, pero ¿qué no el patrimonio municipal le pertenece al pueblo? Probablemente su destino sea otra área administrativa y así, llegará a su fin este legado histórico y cultural de la ciudad, víctima de la modernidad y la insensibilidad política… Tristemente.
La del estribo. – Avaricia en El Oro
Hablando de perversos, resulta que la alcaldesa de El Oro, Juana Diaz Peñaloza, decidió que las cuentas bancarias del municipio le pertenecían y arrebató esa tutela al tesorero Felipe Sánchez Florentino. El tema aquí es que, el destino de las arcas podría verse comprometido en la discrecionalidad. Es un tema de legalidad y transparencia financiera que la edil y su contralora, Elena Bautista Togo se están pasando por “el arca del triunfo”, y no precisamente el que construyó Napoleón Bonaparte. Ya hay una denuncia penal en la FGJEM, mientras que Juana presume sus nuevas camionetas y la gente de esa bella localidad, exige su destitución … Hasta otro Sótano.

