RAFAEL CANDELAS SALINAS
La semana pasada, en el marco de la glosa del Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum, compareció ante los legisladores la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora.
Cuestionada sobre diversos temas relacionados con la industria turística nacional, particularmente sobre el incremento de los derechos que pagan los visitantes extranjeros el derecho de No Residente (DNR) y el destino de esos recursos, la funcionaria argumentó que difícilmente alguien cancelaría sus vacaciones por 175 pesos.
Y probablemente tenga razón. Pero el verdadero debate está en el destino de esos recursos, las prioridades presupuestales y la política de promoción turística del país.
Los diputados de Morena y aliados aprobaron que el 57% de lo recaudado por ese derecho se destine a un fideicomiso de la Defensa Nacional, el 15% al Instituto Nacional de Migración y el 28% a la Tesorería de la Federación. Nada expresamente reservado para promoción turística.
Por supuesto que modernizar los sistemas migratorios y agilizar la entrada de visitantes son objetivos legítimos y necesarios, lo cuestionable es que, mientras se incrementan los cobros a quienes visitan México, no se garantiza que una parte de esos recursos se utilice directamente para atraer nuevos turistas.
Y aquí aparece otra contradicción.
Durante años, México contó con mecanismos y recursos específicos para financiar su promoción turística internacional, pero se les ocurrió desaparecer el Consejo de Promoción Turística de México.
Y en junio de este año, la propia Secretaría de Turismo anunció con entusiasmo una inversión de 100 millones de pesos para promocionar a México en el extranjero durante el segundo semestre de 2026.
El anuncio representa un esfuerzo por recuperar la promoción turística, sí, pero también plantea una pregunta inevitable: ¿cien millones de pesos son suficientes para impulsar la presencia internacional de uno de los países con mayor riqueza turística del mundo?
Sobre todo, cuando enfrentamos una publicidad negativa en el mundo por todo el tema de la inseguridad, las alertas de varios gobiernos extranjeros para que sus connacionales no vengan a nuestro país y cuando nuestros flamantes diputados incrementan los derechos que pagan los visitantes extranjeros y deciden que lo recaudado tenga un destino distinto a la promoción.
No se trata de negar que existan esfuerzos de promoción, sino de cuestionar si los recursos y la estrategia son suficientes para las necesidades de una industria que genera empleos, divisas y oportunidades para millones de familias.
Porque a ello se suman los costos de viajar.
Hoy encontramos aerolíneas de bajo costo que anuncian vuelos de 399 pesos, pero cuando intentamos comprarlos aparecen el equipaje, la selección de asiento y la famosa Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA), que en ocasiones cuesta más que el propio boleto.
Y ahora, dentro de las modificaciones a la Ley Federal de Derechos, también se aprobó incrementar un 10% las cuotas por el uso del espacio aéreo, un concepto distinto de la TUA, pero que forma parte de los costos de la actividad aeronáutica.
Así las cosas, entre derechos, tarifas y servicios adicionales, viajar resulta ser bastante más caro de lo que promete la publicidad.
Mientras tanto, el gobierno presume cifras históricas de turismo internacional.
Según los datos oficiales presentados el pasado 15 de octubre, entre enero y agosto de este año México recibió 32.7 millones de turistas internacionales, un incremento de 3.9% respecto al mismo periodo de 2025.
Sin embargo, los ingresos por visitantes internacionales, que alcanzaron los 24 mil 152 millones de dólares, apenas crecieron 0.9%.
Es decir, el número de turistas aumentó a un ritmo mayor que los ingresos que dejaron. Lo que quiere decir que más turistas no necesariamente significa más ingreso, lo que obliga a preguntarnos si estamos aprovechando adecuadamente nuestro potencial y, sobre todo, si estamos promocionando nuestro país en el mercado adecuado.
Porque, además, una cosa son las estadísticas nacionales y otra muy distinta la realidad que viven numerosas ciudades.
Zacatecas es un ejemplo. Tenemos historia, arquitectura, museos, gastronomía, tradiciones y una de las ciudades coloniales más hermosas de México. Sin embargo, necesitamos recuperar visitantes, mejorar la conectividad aérea, fortalecer la promoción y, particularmente, garantizar condiciones de seguridad que devuelvan la confianza a quienes desean conocernos.
De poco sirve presumir que México recibe millones de turistas si buena parte de ellos se concentra solo en determinados destinos.
El turismo no son solamente cifras, aeropuertos o grandes proyectos de infraestructura. Es el restaurantero que necesita llenar sus mesas, el hotelero que busca ocupar sus habitaciones, el guía que comparte nuestra historia, el artesano que espera compradores y miles de familias cuya economía depende de quienes nos visitan.
La secretaria de turismo defendió la política gubernamental con una frase que terminó por resumirlo todo:
«Es lo que hay».
Y tiene razón.
México es ya una potencia turística mundial, con un enorme potencial para seguir creciendo y consolidarse como una industria capaz de generar más empleos, mayores ingresos y mejores oportunidades para millones de familias.
Pero para lograrlo se necesitan mejores políticas públicas de promoción y desarrollo turístico, mayor seguridad, mejor infraestructura, más conectividad, servicios de calidad y una visión de largo plazo.
Y, por supuesto, también se necesita un mejor gobierno.
Pero, por desgracia, es lo que hay.
Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.
Sobre la Firma
Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
BIO completa


