RAFAEL CANDELAS SALINAS
Las cartas comienzan a ponerse sobre la mesa rumbo a 2027.
Morena ya tiene a Verónica Díaz. El PAN, a Miguel Varela. Y el PRI acaba de colocar su carta con Adolfo Bonilla.
Formalmente ninguno es todavía candidato, los tiempos electorales obligan a cuidar las palabras y por eso hoy se habla de “coordinadores”, “defensores” y otras denominaciones partidistas, en un invento eufemista en tiempos de la 4T para burlar la ley. Pero políticamente el mensaje es claro, los tres han sido colocados por sus partidos al frente de sus respectivos proyectos rumbo a la gubernatura.
La morenista fue designada el pasado 15 de septiembre como coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía en Zacatecas. Su nombramiento generó inconformidades dentro del propio bloque oficialista, que parece ya fueron apagadas.
Del otro lado está Miguel Varela.
Desde marzo, el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, le había encomendado coordinar en Zacatecas los trabajos relacionados con la agenda de familia, libertad y seguridad. Y el pasado 17 de septiembre, durante su Segundo Informe como alcalde de la capital, Miguel Varela convirtió la Plaza de Armas en un escenario que inevitablemente tuvo una lectura política.
Ahí, ante cerca de seis mil asistentes, estuvieron el presidente nacional del PAN Jorge Romero; el coordinador de los diputados federales panistas, Elías Lixa; Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de Cuauhtémoc; dirigentes estatales, legisladores, representantes de otras fuerzas políticas, líderes empresariales y contingentes de casi todo el estado.
Con la fachada de Palacio de gobierno como escenario, y en un ambiente festivo Miguel Varela pronunció un mensaje fuerte y claro que no dejó dudas sobre sus aspiraciones.
Pero faltaba una carta, por lo que el sábado pasado Alejandro Moreno vino a Zacatecas y el PRI designó a Adolfo Bonilla como coordinador de sus Defensores de Zacatecas, que fue recibido con entusiasmo por el priismo local que acudió a la explanada del PRI y ante unos 500 simpatizantes dijo que sí va.
Así que ya tenemos tres cartas sobre la mesa, pero la partida apenas comienza.
Porque la pregunta más interesante no es quién quiere ser candidato, eso ya lo sabemos, la verdadera pregunta es cómo llegarán a la elección de 2027.
Del lado de Morena parece claro que conservarán el bloque construido con el Partido Verde y el PT.
Del otro lado PAN, PRI y PRD han manifestado públicamente su disposición a construir una coalición y sus dirigencias ya comenzaron las conversaciones, pero una cosa es querer una alianza y otra muy distinta construirla.
Y ahí está, me parece, la parte más complicada.
En 2027 no solamente estará en juego Zacatecas, se renovarán 17 gubernaturas en el país. Eso significa que las negociaciones partidistas tendrán necesariamente un componente nacional, habrá estados prioritarios para el PAN, otros para el PRI, otros que de plano se den por perdidos y otros que servirán de moneda de cambio, decisiones que terminarán formando parte de una negociación mucho más amplia.
Por eso también sería ingenuo pensar que la candidatura de una eventual alianza opositora en Zacatecas se decidirá exclusivamente en Zacatecas. Influirán las condiciones locales, pero también pesará el tablero nacional.
Por eso sorprende que algunos hayan comenzado la guerra antes de saber siquiera si mañana tendrán que sentarse en la misma trinchera.
He visto en los últimos días descalificaciones provenientes de simpatizantes de uno de los aspirantes contra el otro de los aspirantes, entiendo que están entusiasmados, que están motivados, y qué bueno, están en todo su derecho de apoyar a su precandidato, lo que resulta difícil de entender es la estrategia.
Porque si al mismo tiempo se sostiene que una alianza PAN-PRI-PRD puede ser necesaria para competir en 2027, parece contradictorio dedicar los meses previos a destruir a quien mañana podría encabezarla.
¿Cómo pretenden construir una alianza golpeando todos los días al posible aliado?
Cada partido tiene derecho a defender a sus cuadros, cada aspirante debe mostrar sus fortalezas, y llegado el momento se deberá determinar quién encabeza un proyecto común. Eso es competencia política, pero otra cosa es convertirla en una guerra de agravios.
Porque si finalmente existe una alianza, alguien tendrá que ceder. Puede ser el PAN, puede ser el PRI, hoy nadie puede afirmarlo con certeza.
Y será entonces cuando habrá que demostrar madurez, porque una coalición no se construye únicamente con tres presidentes de partido firmando un convenio y levantándole juntos la mano a un candidato.
Eso es relativamente sencillo. Lo difícil es conseguir que quienes abajo pasaron meses atacándose estén dispuestos, al día siguiente, a caminar juntos. De poco serviría una alianza de membrete si las dirigencias acuerdan arriba mientras las militancias se despedazan abajo.
Por eso quizá sea buen momento para bajar un poco las armas y subir el nivel de la política.
Falta tiempo, falta definir si habrá coalición, falta acordar el método y, sobre todo, falta saber quién podrá encabezarla.
Defender legítimamente a cada aspirante, sí. Destruir anticipadamente al posible aliado parece, cuando menos, una mala estrategia.
Porque quienes hoy se dedican a golpear deberían recordar algo muy sencillo: el adversario al que hoy descalifican puede ser el candidato por el que mañana tengan que salir a pedirle el voto.
Las cartas están echadas… La partida apenas comienza. Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.
Sobre la Firma
Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
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