lunes, agosto 31, 2026
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La Casa de los Perros | La paz no resiste explosiones

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

A las ocho de la noche, cuando en Ojocaliente todavía se hablaba de la Feria Regional de la Uva y de la Tuna, de la coronación de la reina y de que ya casi arrancaban las fiestas patronales, una explosión cambió la calle González Ortega de golpe: patrullas incendiadas, vidrios rotos, gente corriendo, 11 heridos y una comandancia de policía golpeada por un coche cargado con explosivos. La noche no necesitó explicación. Bastó el estruendo.

El Gobierno de Zacatecas dijo que la situación estaba bajo control. Rodrigo Reyes Mugüerza informó primero de seis civiles lesionados y después confirmó que también había una policía municipal herida. Once vehículos particulares y dos patrullas resultaron afectados. La onda expansiva alcanzó viviendas y comercios. Más tarde ya se hablaba de 11 lesionados.

Pero hay una imagen que ningún boletín puede borrar: familias abandonando sus casas, niños entre quienes buscan ponerse a salvo, una ciudad que cancela clases, cierra oficinas y suspende una fiesta patronal porque nadie sabe qué puede ocurrir después.

Eso también es una cifra. Y quizá sea la más importante.

Porque mientras el Gobierno de México presume que el homicidio doloso ha disminuido 51 por ciento a nivel nacional entre septiembre de 2024 y julio de 2026, Zacatecas aparece entre las entidades con las mayores reducciones.

La cifra estatal difundida al cierre de julio habla de una caída de 53.2 por ciento en el promedio diario frente al mismo periodo de 2025, con 51 víctimas de homicidio doloso entre enero y julio.

El todavía inquilino de La Casa de los Perros ha ido todavía más lejos. El gobernador David Monreal Ávila sostiene que Zacatecas acumula una reducción de 97 por ciento en los homicidios dolosos respecto de los niveles de 2021, cuando la entidad registró mil 741 asesinatos. Para enero-julio de este año, el propio gobierno estatal reportó 61 homicidios.

Esas cifras no conviene esconderlas, pero tampoco sirve leerlas a medias.

Porque una estadística puede decir que hay menos homicidios y, al mismo tiempo, una calle puede decir que la violencia no se fue.

El problema es que el crimen organizado no necesita cien muertos para demostrar que sigue armado hasta los dientes. A veces le basta con volar un carro frente a una comandancia. O sembrar explosivos en una carretera. O, de plano, forzar a un alcalde a cancelar la fiesta del pueblo, a una escuela a cerrar sus puertas y a una parroquia a apagar la pirotecnia.

En menos de una semana, Zacatecas ha vivido tres episodios con artefactos explosivos.

El 27 de agosto, dos artefactos explosivos detonaron contra elementos de seguridad en las inmediaciones de la presa El Chique, en Tabasco. Otros cuatro fueron ubicados y destruidos mediante detonaciones controladas. Dos elementos resultaron lesionados.

El sábado, en los límites de Villa García y Aguascalientes, otro explosivo detonó cuando policías revisaban una motocicleta abandonada. Un policía y una maestra resultaron heridos. Hay ya un detenido de 18 años por esos hechos, según informó el Gobierno estatal. Y el domingo llegó Ojocaliente.

Tres ataques que, vistos juntos, son la misma advertencia repetida.

No hace falta convertir cada explosión en el regreso automático a 2021. Sería irresponsable ignorar que la violencia homicida sí ha descendido de manera considerable. El propio gobierno estatal reportó 64 víctimas de homicidio al 26 de agosto, 46 por ciento menos que en el mismo periodo de 2025.

Pero tampoco hace falta hacer lo contrario: utilizar la reducción de homicidios como certificado de paz. Porque la seguridad no es solamente que haya menos cadáveres.

Seguridad es poder mandar a los hijos a la escuela, abrir el negocio y caminar por la plaza sin ir pensando en otra cosa. Es celebrar la feria, encender los cohetes de la fiesta patronal y saber que la comandancia está para proteger, no para terminar como blanco de un coche bomba.

Por eso las decisiones del alcalde Juan Manuel Zambrano pesan más que cualquier discurso: suspendió las clases, cerró las oficinas municipales y canceló la coronación de la reina, mientras la parroquia suspendía la pirotecnia y la peregrinación.

No porque Ojocaliente haya dejado de estar “bajo control”, sino porque la vida cotidiana exige otra clase de certeza: la del ciudadano, esa que no cabe en ninguna gráfica.

La presidenta Claudia Sheinbaum puede presumir una reducción histórica a nivel nacional. David Monreal puede insistir en que Zacatecas dejó atrás el estado de los mil 741 homicidios de 2021.

Las dos cosas, de hecho, son ciertas. Pero también es cierto que una comunidad con miedo no vive dentro de una estadística: vive dentro de una noche como la del domingo, cuando Ojocaliente escuchó el estallido de una explosión. Las cifras pueden bajar. El miedo tarda más en irse.

Pero también es cierto que una comunidad aterrorizada no vive dentro de una estadística. Vive dentro de una noche. Y la noche del domingo, en Ojocaliente, tuvo el sonido de una explosión.

Las cifras pueden bajar. El miedo, cuando aprende a caminar por las calles, tarda mucho más en irse.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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