viernes, julio 24, 2026
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Autocuidado en tiempos de sobreexposición digital

JULIETA DEL RÍO VENEGAS

Cada 24 de julio se conmemora el Día Internacional del Autocuidado, una fecha que nos recuerda que cuidar de nosotros mismos no debe ser una acción ocasional, sino un hábito permanente. La elección de esta fecha tampoco es casual: representa la importancia de cuidarnos las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Cuando hablamos de autocuidado solemos pensar en alimentación saludable, actividad física, descanso o prevención de enfermedades. Sin embargo, en una sociedad cada vez más conectada, también debemos aprender a cuidar nuestra salud mental y emocional frente a un entorno digital que nunca parece detenerse.

Vivimos expuestos a un bombardeo constante de información. Noticias, opiniones, videos, imágenes, publicidad y mensajes llegan a nuestros dispositivos a cualquier hora del día. En México, 86.1% de las personas de 6 años y más utilizó internet en 2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH)[1]. La conectividad dejó de ser una excepción para convertirse en parte cotidiana de nuestra vida.

Pero estar permanentemente conectados también plantea nuevos desafíos. La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con algún trastorno mental. A esto se suma que, entre 2018 y 2022[2], el uso problemático de redes sociales entre adolescentes aumentó de 7% a 11% en los países y regiones analizados por la propia OMS[3].

Estos datos no significan que las redes sociales sean, por sí mismas, perjudiciales. Son herramientas que nos permiten comunicarnos, informarnos, aprender y participar. El desafío está en el uso que hacemos de ellas y en nuestra capacidad para establecer límites.

La pregunta que debemos hacernos es sencilla, pero necesaria: ¿cuánto tiempo de nuestra vida estamos entregando a las pantallas y cuánto de ese tiempo estamos dedicando realmente a nosotros mismos?

Revisar el teléfono al despertar, consumir noticias antes de dormir, permanecer conectados durante horas o sentir la necesidad de responder inmediatamente cada mensaje son conductas que, poco a poco, pueden afectar nuestro bienestar.

Y es que el problema no está únicamente en cuánto tiempo pasamos frente a una pantalla, sino también en aquello que consumimos. Un estudio difundido por UNICEF México revela que 76% de las y los adolescentes y jóvenes mexicanos de la Generación Z consume algún tipo de noticia al menos una vez por semana, mientras que 75% afirma sentirse agobiado después de exponerse a estos contenidos[4].

Por eso, hablar de autocuidado también significa aprender a poner límites. Si 86 de cada 100 personas en México ya utilizan internet, el autocuidado digital no puede ser un asunto marginal: debe formar parte de nuestra cultura de prevención y bienestar.

Necesitamos recuperar el derecho a desconectarnos sin sentir culpa. A establecer horarios para revisar nuestras redes. A dejar de seguir contenidos que nos generan angustia o afectan nuestra autoestima. A cuestionar aquello que vemos antes de compartirlo y, sobre todo, a entender que no todo lo que aparece en internet merece nuestra atención.

También debemos recordar que las redes sociales muestran una versión parcial de la realidad. La vida de los demás que vemos en una pantalla no representa necesariamente su vida completa. Compararnos con imágenes cuidadosamente seleccionadas puede generar expectativas irreales y una sensación permanente de insuficiencia.

Nuestra atención también es un recurso. Y lo que consumimos diariamente influye en nuestra manera de pensar, de sentir y de relacionarnos con los demás. UNICEF México ha señalado que la manera en que consumimos y comunicamos información puede influir en el bienestar emocional y psicosocial de las juventudes.

Cuidar nuestra salud mental implica reconocer nuestras emociones, descansar, hablar de lo que sentimos y pedir ayuda cuando sea necesario. No debemos esperar a que el cansancio, la ansiedad o la tristeza se conviertan en una crisis para comenzar a cuidarnos.

El autocuidado tampoco significa aislarnos del mundo. Significa aprender a relacionarnos con él de una manera más saludable. En una época en la que podemos recibir cientos de estímulos en cuestión de minutos, quizá una de las formas más importantes de autocuidado sea recuperar la capacidad de elegir aquello a lo que prestamos nuestra atención.

El desafío, entonces, es construir una relación más consciente con la tecnología. Aprovechar sus beneficios sin permitir que controle nuestro tiempo, nuestras emociones o nuestra percepción de la realidad.

En una época en la que las plataformas compiten por nuestra atención, aprender a decir “basta” también es una forma de libertad.

En este Día Internacional del Autocuidado, vale la pena recordar que cuidarnos no es un acto de egoísmo. Es una responsabilidad con nosotros mismos y también con quienes nos rodean.

En medio del ruido digital, hacer una pausa también es cuidarnos.

Desconectarnos también es autocuidado.

Y aprender a proteger nuestra salud mental en tiempos de sobreexposición también es una forma de ejercer nuestra libertad.


[1] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/endutih/ENDUTIH_25_RR.pdf

[2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health?

[3] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health?

[4] https://www.unicef.org/mexico/historias/informar-y-cuidar-la-salud-mental-de-las-juventudes

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