RAYMUNDO MORENO ROMERO
Lo ocurrido este fin de semana en Zacatecas no puede verse como un hecho aislado ni minimizarse con estadísticas dudosas. El hallazgo de múltiples personas sin vida en distintos puntos del estado, nos recuerda la realidad en la que viven miles de familias zacatecanas: el miedo sigue presente.
Antes que cualquier posicionamiento, expreso mi solidaridad con las familias de las víctimas. Ninguna cifra, ningún discurso y ninguna conferencia de prensa puede aliviar el dolor de quienes hoy lloran a un padre, una madre, un hijo o un hermano.
Pero también debemos decir con claridad lo que muchos zacatecanos piensan. Existe una evidente contradicción entre el discurso oficial y la realidad. Durante meses, el Gobierno del Estado ha presumido reducciones históricas en los homicidios dolosos, incluso asegurando disminuciones de hasta 89 por ciento con base en indicadores oficiales.
Si las cosas están tan bien como dicen, ¿cómo se explica que en un solo fin de semana aparezcan 10 cuerpos abandonados en distintos municipios? ¿Cómo se explica que escenas de violencia extrema vuelvan a ocupar los titulares nacionales? La ciudadanía no vive de porcentajes; exige la tranquilidad de salir a la calle y regresar con bien a casa.
Nadie niega que puedan existir periodos con menos homicidios registrados. Lo que cuestionamos es que se pretenda vender una narrativa de éxito absoluto cuando hechos como los de este fin de semana demuestran que los grupos criminales siguen teniendo capacidad para sembrar terror y desafiar al Estado.
La seguridad no se mide únicamente con gráficas. Se mide con la confianza de la gente, con carreteras seguras, con comerciantes que pueden trabajar sin miedo, con familias que no reciben una llamada para identificar a un ser querido.
Hoy exigimos al Gobierno del Estado menos propaganda y más resultados. Exigimos investigaciones rápidas, transparentes y profesionales para que estos crímenes no queden impunes, como es la regla general. Exigimos coordinación efectiva entre los tres órdenes de gobierno y una estrategia que priorice la protección de los ciudadanos por encima de la construcción de una narrativa política.
Porque mientras una sola familia zacatecana siga enterrando a sus seres queridos por culpa de la violencia, nadie puede hablar de una victoria definitiva en materia de seguridad.
Zacatecas está en decadencia, pero merece vivir en paz. Y esa paz no llegará ocultando la realidad detrás de una estadística, sino enfrentándola con responsabilidad, honestidad y resultados. Esa es la exigencia y el reclamo legítimo de todos los zacatecanos.
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Funcionario público con responsabilidad social y cultural
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