lunes, julio 6, 2026
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La Casa de los Perros | La confianza

CLAUDIA G. VALDÉS DIAZ

Hay puertas que se cierran por decreto. Otras por desconfianza. Las primeras pueden volver a abrirse con el paso del tiempo. Las segundas requieren algo mucho más difícil: convencer a quienes dejaron de creer. La historia política de Julia Olguín Serna parece transitar justamente entre esas dos puertas.

Nació el 24 de abril de 1969. Tiene 57 años. Es licenciada en Derecho y cuenta con una maestría en Derecho Electoral. Su carrera pública comenzó en el gobierno de Ricardo Monreal Ávila, donde ocupó responsabilidades que la colocaron en el centro de las decisiones administrativas del estado, primero como coordinadora de giras y después como directora de Transporte Público y Vialidad.

Aquellos años parecían anunciar una trayectoria ascendente. Nadie imaginaba entonces que el siguiente capítulo estaría marcado por una ausencia prolongada.

El cambio de gobierno en 2004 modificó también su destino político. La administración encabezada por Amalia García inició auditorías sobre su gestión. En los meses siguientes enfrentó una inhabilitación administrativa de diez años, diversas acusaciones penales y la solicitud de una orden de aprehensión.

Olguín denunció persecución política, abandonó Zacatecas y permaneció alejada de la vida pública estatal durante varios años. Con el paso del tiempo, los procesos concluyeron y las sanciones perdieron vigencia jurídica. La política, sin embargo, suele conservar una memoria distinta a la de los tribunales.

Quizá por eso su historia resulta singular.

Pocos personajes consiguen regresar después de una década de ausencia. Julia Olguín lo hizo, aunque no de manera inmediata ni sin tropiezos. Reapareció como diputada local, transitó por el Partido Verde y más tarde encontró espacio en Morena. En 2021 buscó una diputación federal sin conseguirla, un revés que mostró que el regreso político también exige paciencia. Ese mismo año fue nombrada subsecretaria de Concertación Política por el gobierno de David Monreal y, tres años después, obtuvo la diputación federal por mayoría relativa en el Distrito 2.

Más tarde asumiría también la dirigencia estatal de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), una de las centrales obreras y organizaciones sindicales más grandes del país, fundada por el político y líder sindical Pedro Haces Barba.

Su trayectoria demuestra que la política mexicana concede segundas oportunidades, aunque rara vez las entrega de una sola vez. La pregunta es si esas oportunidades alcanzan también para reconstruir la confianza.

Incluso su regreso estuvo acompañado de nuevas controversias. Su candidatura a la Cámara de Diputados fue registrada mediante una acción afirmativa destinada a personas afromexicanas, una decisión que generó cuestionamientos públicos sobre la procedencia de esa autoadscripción.

El Instituto Nacional Electoral validó el registro y la elección siguió su curso, pero el episodio recordó que algunas decisiones políticas prolongan debates que trascienden los procesos legales.

Cuando solicitó licencia como diputada federal para competir por la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación afirmó que quería “volver al origen de la transformación”. La frase quizá explique más de lo que pretendía. Buena parte de su historia política ha consistido precisamente en volver: al servicio público, al territorio, al Congreso y ahora a la competencia por el gobierno de Zacatecas.

Las encuestas muestran que esa tarea apenas comienza. La medición de Enkoll para El Universal la coloca en la séptima posición entre los aspirantes evaluados. Registra una opinión positiva del 6.2%, una percepción de honestidad del 3%, un 4.9% como buena candidata y apenas un 2.5% de preferencia como posible abanderada de Morena.

Más que un obstáculo electoral, los números describen otra realidad: recuperar un cargo puede resultar más sencillo que recuperar la confianza.

No deja de ser una paradoja. Julia Olguín ha demostrado una capacidad poco común para reconstruir su carrera política. Ha regresado donde muchos creían imposible hacerlo. Pero la política no sólo administra cargos; también administra memorias. Los expedientes prescriben. Las sentencias concluyen.

La percepción pública sigue otro calendario y suele exigir algo que ninguna resolución judicial puede otorgar por sí sola: credibilidad.

Tal vez ahí se encuentre el verdadero desafío de su aspiración. No consiste únicamente en convencer a Morena de que merece una candidatura. Consiste en persuadir a los ciudadanos de que una segunda oportunidad también puede significar un nuevo comienzo.

Regresar siempre es posible. Volver a creer es otra historia.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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