miércoles, junio 3, 2026

Nada que celebrar

CARLOS PEÑA BADILLO

Mientras las y los mexicanos se enfrentan todos los días a un país con graves problemas y crisis, sin rumbo y sin acciones que verdaderamente atiendan las necesidades ciudadanas, poco o nada hay que celebrar en el segundo año de gobierno de Morena.

Es Zacatecas, la celebración mostró un absurdo exceso de poder, porque con recursos públicos acarrearon gente de varios municipios. Los organizadores dijeron que vinieron de los 58 municipios, pero como en otros eventos fue muy fácil detectar a las personas que reciben apoyos sociales y a los trabajadores de las oficinas públicas que fueron presionados, amenazados y obligados a asistir.

No cabe duda que el descontento ciudadano crece todos los días, por ello, la estrategia del gobierno federal fue llevar la celebración a cada entidad federativa. En Zacatecas una breve lluvia demostró que los asistentes no llevaban ni convicción, pasión ni identidad, porque cuando hay un verdadero compromiso con un proyecto político, cuando hay identidad y pasión se toleran todas las inclemencias del clima.

Por eso hoy voy a tomar una parte del texto de nuestra secretaria general del PRI, Carolina Viggiano, quien muy a propósito de este segundo año de gobierno clarifica que las proclamas de no mentir, no robar y no traicionar que hicieron ganar la Presidencia de la República a López Obrador, hoy quedaron sin efecto.

“No mentir, no robar, no traicionar” no fue una simple consigna de campaña. Fue la promesa moral de un movimiento que aseguró ser distinto. A casi ocho años de la llamada Cuarta Transformación, vale la pena preguntarse qué pasó con esos tres verbos.

No mentir. Se presume soberanía mientras México importa cada vez más alimentos. Se presume empleo récord, pero más de la mitad de los trabajadores están en la informalidad. Prometieron un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. Hoy millones de mexicanos siguen sin encontrar los medicamentos que necesitan.

También prometieron respetar la libertad de expresión. Pero desde el poder se descalifica a periodistas, ciudadanos y organizaciones civiles. María Amparo Casar fue denunciada después de exhibir presuntas irregularidades gubernamentales. Quien cuestiona incomoda. Quien investiga molesta. Quien critica se convierte en adversario.

No robar. Prometieron acabar con la corrupción. Pero Segalmex se convirtió en el mayor escándalo de corrupción documentado en la historia reciente del país. La Megafarmacia costó miles de millones. El Tren Maya multiplicó su costo original. La cancelación del aeropuerto costó cientos de miles de millones de pesos. Pero el problema no es sólo el dinero perdido. El verdadero problema es la impunidad. Cuando la lealtad política vale más que la ley, la corrupción deja de ser una excepción y se convierte en sistema.

No traicionar. Quizá ésta es la mayor contradicción de todas. Traicionaron a los enfermos con el desabasto. Traicionaron a las madres buscadoras obligándolas a buscar solas. Traicionaron la promesa de paz mientras el crimen organizado expandía su influencia en amplias regiones del país. Y traicionaron a millones de mexicanos que creyeron que las cosas serían distintas.

Por eso resulta inevitable preguntar quiénes son los verdaderos traidores a la patria. ¿Los que denuncian la corrupción, la violencia y la impunidad? ¿O quienes permitieron que amplias regiones del país quedaran bajo la influencia del crimen organizado mientras el Estado retrocedía? Quizá por eso el acto de ayer podría resumirse en cuatro palabras: “con mis narcos, no”.

Porque frente a los señalamientos sobre la infiltración del crimen organizado en la vida pública, la respuesta no ha sido esclarecer, sino descalificar; no ha sido investigar, sino atacar a quien pregunta.

Morena aplica una vieja fórmula: convertir al denunciante en el acusado. Los gobiernos no son juzgados por las plazas que llenan, sino por la distancia entre lo que prometieron y lo que hicieron.

Y mientras más se compara la realidad con aquella promesa, más evidente resulta que los tres mandamientos de la Cuarta Transformación terminaron convertidos en sus mayores contradicciones.

Porque la historia no recordará cuántas veces repitieron la palabra soberanía. Recordará si dijeron la verdad, si cuidaron el dinero público y si fueron leales a México.

Y a juzgar por los resultados, no mentir, no robar y no traicionar terminaron siendo las promesas que menos cumplieron.

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