CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
En Zacatecas hay partidos que parecen viejas haciendas: las paredes se caen, pero adentro todavía se pelean por las llaves.
Afuera, mientras tanto, la gente mira con el cansancio de quien ya escuchó demasiadas promesas y aprendió a distinguir el perfume barato del poder.
En ese paisaje empieza a sonar otro nombre. No con estridencia. Con insistencia. Como esos rumores que primero cruzan los cafés políticos y luego terminan sentados en la mesa principal. Juan del Real Sánchez.
No es poca cosa que siga al frente de Movimiento Ciudadano en Zacatecas. En política nadie conserva una silla por cortesía. Menos en un partido donde el control nacional pasa por las manos del zacatecano Jorge Álvarez Máynez, hoy instalado en las grandes ligas de la política nacional.
Álvarez Máynez ya probó el reflector presidencial. Difícil imaginarlo regresando a Zacatecas a disputar una gubernatura que, en términos de poder real, le quedaría pequeña. Los que lo conocen dicen que mira hacia otro mapa.
Y cuando el jefe no piensa volver, el partido empieza a buscar heredero.
Ahí aparece Juan del Real. Operador. Constructor interno. Hombre de acuerdos más que de micrófonos. No lo venden todavía como fenómeno electoral porque sería exagerar. Hasta hoy, las encuestas ni siquiera lo registran. Está fuera del radar demoscópico. Invisible para los números. Pero en política mexicana muchas candidaturas nacen primero en las oficinas y después en las encuestas. No al revés.
La encuesta de GobernArte levantada en mayo deja una fotografía incómoda para toda la oposición: Morena encabeza con 35.9 por ciento. Muy atrás vienen PRI y PAN, separados apenas por centímetros estadísticos, mientras Movimiento Ciudadano alcanza 11.2 por ciento.
Pero el dato verdaderamente peligroso está en otro lado: el 16.3 por ciento que responde “ninguno”. Ahí duerme el enojo. Ahí respira el abstencionista potencial. Ahí están los electores que dejaron de creer.
Morena lo sabe. Por eso sus piezas ya comenzaron a moverse.
Hoy los nombres que realmente pesan rumbo a 2027 son Verónica Díaz y Ulises Mejía Haro. Ambos aparecen con estructura, narrativa y presencia. Ambos entienden que la elección no se ganará sólo con ideología, sino con operación territorial.
Morena no llega unido, pero llega arriba. Y en política las divisiones pesan menos cuando se gobierna desde Palacio.
Del otro lado, la oposición sigue atrapada en el deporte favorito de Zacatecas: el canibalismo.
Adolfo Bonilla continúa esperando el escenario perfecto: una gran alianza entre PRI, PAN y Movimiento Ciudadano que lo coloque como candidato de consenso. El problema es que la política rara vez concede deseos tan limpios. Y la eventual consolidación de Juan del Real dentro de MC sería, en los hechos, la primera puerta que se le cerraría a Bonilla.
Porque Movimiento Ciudadano quiere dejar de ser comparsa.
En el PAN, además, Miguel Varela Pinedo no muestra intención alguna de retirarse de la carrera. Recorre municipios. Encabeza reuniones. Construye presencia. Entendió algo elemental: en un estado agotado por la inseguridad y la crisis económica, la campaña ya empezó, aunque falten meses para el calendario formal.
El panismo lo observa como una apuesta competitiva, sobre todo porque ha logrado instalarse mediáticamente más allá de la capital.
Y en el PRI tampoco están dispuestos a regalar la candidatura.
Carlos Peña Badillo lleva años caminando territorio, administrando estructuras y resistiendo el desgaste natural de un partido que vive tiempos de demolición lenta. Los priistas de vieja escuela repiten lo mismo en corto: no ven razones para entregar el proyecto a alguien que pasó años concentrado en sus negocios privados mientras otros cargaban el costo político cotidiano.
Esa es la verdadera disputa. No la ideológica. La territorial.
Movimiento Ciudadano juega a convertirse en refugio del desencanto ciudadano. El problema es que Zacatecas no premia los discursos frescos por sí solos. Aquí las elecciones se ganan con estructura, operación y acuerdos incómodos. Y ahí es donde Juan del Real todavía tiene que demostrar que puede pasar de operador interno a candidato competitivo.
Porque una cosa es administrar un partido. Otra muy distinta es cargar un estado entero sobre los hombros.
La oposición enfrenta una verdad brutal: separados, apenas administran derrotas decorosas. Juntos, podrían convertir la elección en una batalla real. Pero el ego suele tener más votos internos que la prudencia.
Mientras PRI, PAN y MC calculan quién merece encabezar la mesa, Morena aprovecha el tiempo. Y el tiempo, en política, es un animal que siempre cobra factura.
En Zacatecas nadie pierde solo. Pero casi todos se empeñan en intentarlo.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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