Sombrerete, Zac.- El legislador Carlos Puente Salas recorre Sombrerete para analizar las carencias agrarias y proponer un modelo que vincule la comercialización del frijol con la seguridad social de los jornaleros en Zacatecas. La iniciativa busca revertir la desprotección laboral mediante la exigencia de un certificado de cumplimiento para exportar, transformando la fiscalización del sector.
La relevancia de esta propuesta radica en la vulnerabilidad estructural que define al sector agrícola nacional. Datos del Gobierno de la República señalan que el campo mexicano concentra a casi tres millones de jornaleros que promedian los 49 años, con jornadas de 36 horas semanales y un ingreso mensual de apenas dos mil 750 pesos. La falta de acceso al Instituto Mexicano del Seguro Social perpetúa la indefensión de este sector frente a contingencias médicas y el retiro laboral, un rezago histórico que la nueva legislación pretende subsanar mediante mecanismos de presión comercial.
El núcleo del conflicto se traslada ahora a las reglas de operación para el sector patronal y las empresas agroexportadoras. De consolidarse la normativa, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social condicionará las ventas externas a la emisión de un certificado de cumplimiento de obligaciones laborales.
Esta medida obliga a las unidades de negocio a asumir el costo de la formalización si desean mantener su participación en los mercados internacionales, lo que altera las dinámicas de costos en municipios con alta dependencia agrícola como Sombrerete, una demarcación clave en la producción y distribución de frijol en el norte del país.
Las implicaciones institucionales y sociales abren un debate complejo entre la justicia distributiva y la viabilidad financiera de los medianos productores. Mientras el discurso oficial promueve la dignificación del trabajo rural, los sectores productivos advierten sobre el reto de absorber cargas fiscales en un mercado de márgenes estrechos. La efectividad de la reforma dependerá estrictamente de la capacidad de inspección del Estado para evitar que el requisito burocrático fomente un mercado informal secundario o provoque la contracción del empleo en las zonas rurales.
LNY | Redacción

