CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
En Zacatecas ya empezó la campaña. Aunque todavía falten meses para los registros, los partidos ya hablan como si el reloj estuviera incendiándose.
En los salones del poder se reparten sonrisas, discursos y aplausos. Afuera, en las calles, la gente sigue contando muertos, desaparecidos y negocios cerrados. Dos estados conviven sobre el mismo mapa: el de la propaganda y el de la sobrevivencia.
El PAN decidió mover ficha primero. El Consejo Estatal de 2026 no fue un simple trámite burocrático. Fue un acto de alineamiento. Noventa y cinco consejeros cerrando filas, presupuestos aprobados por unanimidad, discursos de combate y una palabra repetida como mantra: unidad.
En política, cuando un partido insiste demasiado en la unidad, suele ser porque conoce perfectamente el tamaño de sus fracturas.
Pero hay algo distinto esta vez. Acción Nacional encontró un rostro competitivo. Miguel Varela dejó de ser solamente el alcalde de Zacatecas y empezó a convertirse en proyecto político.
Eso, en un estado donde la oposición llevaba años caminando como ejército derrotado, no es poca cosa.
La encuestadora Rubrum puso números sobre la mesa. Y los números, aunque no votan, sí revelan atmósferas. Morena sigue arriba con 29.1 por ciento. Pero ya no domina como antes. Bajó desde el 33.5 que registró en marzo.
El PAN, en cambio, subió hasta 18.2 y ya respira en la nuca del PRI, que marca 19.2. Movimiento Ciudadano se queda en 8 puntos; Verde y PT sobreviven en la periferia estadística. Y hay un dato más importante que todos: 18.9 por ciento todavía no decide.
Ahí está la verdadera elección.
Porque el PAN ya entendió algo que durante años fingió ignorar: solo no alcanza. Zacatecas cambió. A punta de desgaste social. Hoy la elección no se gana únicamente con militancia. Se gana construyendo bloques de supervivencia política.
El problema para Miguel Varela no es crecer. Ya está creciendo. El problema es convertir ese crecimiento en mayoría. Y ahí aparece la incómoda aritmética electoral: si la oposición llega fragmentada, Morena conserva la gubernatura aun perdiendo fuerza.
La paradoja es brutal. El PRI, partido que durante décadas fue el enemigo histórico del panismo, puede convertirse en su único salvavidas competitivo. Porque separados apenas disputan el segundo lugar; juntos podrían meterle presión real al oficialismo.
Esa es la discusión que nadie quiere decir en voz alta mientras se toman la foto de la unidad.
En el discurso interno del Consejo Estatal, difundido entre consejeros, apareció una frase reveladora: “Ningún candidato gana solo”. No parece casualidad. Parece advertencia.
El PAN entendió que una candidatura basada únicamente en entusiasmo digital, conferencias de prensa y retórica de resistencia termina convertida en testimonial.
Y Varela, hay que decirlo, ha sabido leer el momento político. Su narrativa conecta con un estado cansado. Habla de miedo, abandono, inseguridad. No intenta vender prosperidad futurista; vende hartazgo organizado. En Zacatecas eso tiene mercado electoral.
Pero el riesgo también es evidente. Cuando toda la estrategia gira alrededor de una figura, el proyecto se vuelve vulnerable al desgaste personal, al fuego cruzado y a la operación política del oficialismo.
Morena todavía conserva algo decisivo: estructura territorial, presupuesto político y control institucional. Eso no desaparece porque una encuesta muestre desgaste.
Además, el oficialismo conserva otro activo: la fragmentación opositora. Mientras el PAN construye esperanza, Morena apuesta al cálculo más viejo de la política mexicana: dividir para conservar.
Por eso el ascenso panista todavía no es una victoria. Apenas es una advertencia.
Aldo Peláez, dirigente estatal de Acción Nacional, lo resumió sin querer: el objetivo es fortalecer presencia en los 58 municipios y convertir cada estructura municipal en una maquinaria territorial. Traducido al lenguaje real: saben que las elecciones en Zacatecas no se ganan en redes sociales. Se ganan en tierra. En comunidades. En operadores. En estructuras que movilizan votos mientras otros publican indignación desde el teléfono.
La oposición zacatecana enfrenta una decisión incómoda: tragarse años de rencores para competir de verdad o conservar la pureza partidista y regalarle otro sexenio a Morena.
Porque las encuestas enseñan una cosa peligrosa: Morena puede ir bajando… y aun así seguir ganando.
En política, el segundo lugar suele confundirse con esperanza. Hasta que llegan las urnas y recuerdan que la esperanza sin alianza es apenas una estadística elegante.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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