JUAN JOSÉ MONTIEL RICO
Quiero advertir al lector incauto que este texto no es una obsequiosa alabanza al jóven secretario, sino un análisis somero de una función fundamental para la gobernabilidad de un estado: la Secretaría de Gobierno.
Y es que el pasado 5 de abril —en en una fecha que seguro sólo él recordó— Rodrigo Reyes Mugüerza cumplió tres años al frente de esta Secretaría en Zacatecas. Una efeméride aparentemente menor, que en este caso representa una anomalía estadística. Me explico:
Si algo define a los secretarios de Gobierno es el desgaste. No es una oficina más del gabinete, es el brazo político del Ejecutivo. Ahí se procesa la gobernabilidad cotidiana; ahí se tensan y se distienden las relaciones con los Poderes, la Federación y los municipios; ahí se negocia con sindicatos, con organizaciones sociales, con líderes religiosos, empresariales, campesinos y un largo etcétera. Es, simple y llanamente, el que administra el conflicto para que no se desborde.
Ese desgaste estructural del encargo tiene consecuencias, y para muestra está Zacatecas. Desde la alternancia en 1998 a la fecha, el estado ha tenido 17 Secretarios Generales de Gobierno en 5 administraciones, contando al actual. En promedio, la duración de sus ocupantes apenas supera el año y medio.
La lista es reveladora. El periodo más largo, sin contar al aludido, lo tuvo Arturo Nahle, con cerca de tres años durante el gobierno de Ricardo Monreal. En el otro extremo, hubo casos que ni lograron acomodarse en la silla, como Pedro de León o Macías Solís.
¿A qué responde esta alta rotación? Una hipótesis tiene que ver con la naturaleza del cargo. El Secretario General opera en una zona donde confluyen tensiones constantes. Su función de intermediación política implica gestionar conflictos sin eliminarlos, procesar demandas sin satisfacerlas plenamente y construir acuerdos en contextos de desconfianza. Los equilibrios son frágiles, se construyen lentamente, pero pueden romperse en cualquier momento. Cuando eso ocurre, no queda de otra: el relevo es la válvula de escape.
El Gobierno de la alternancia de Ricardo Monreal es el sexenio que reporta un mayor número de relevos en esta oficina, con cinco. Ello pudo deberse a que enfrentó un sistema político en recomposición. La pluralidad emergente exigió mayor movilidad en los operadores políticos. Con el paso del tiempo, y conforme se normalizó la competencia democrática, los gabinetes de Amalia, Miguel, Alejandro y David se estabilizaron, con menos sobresaltos y menos relevos. Cuatro, tres, tres y dos (hasta el momento) respectivamente.
En la teoría política este fenómeno no es extraño. En sistemas presidencialistas —como el mexicano— los gabinetes no responden a equilibrios legislativos como en la lógica parlamentaria, sino a la sola voluntad política del Ejecutivo. Juan Linz o Arturo Valenzuela señalan que, en estos contextos, los cambios de gabinete son herramientas de ajuste político más que de rendición de cuentas. Se remueve para equilibrar, para oxigenar o para reconfigurar relaciones.
Bajo esta lógica, el logro de permanecer tanto tiempo en un cargo como la Secretaría General de Gobierno no es nada común y por ello merece atención.
En más tres años, Rodrigo Reyes no solo ha resistido el desgaste natural del cargo; ha ampliado sus márgenes de acción. Asumió funciones que rebasan la norma, al encabezar la estrategia de pacificación, coordinar la Mesa de Paz y encauzar la estrategia estatal de comunicación en tiempos de crisis. Ha sido la voz para defender un gobierno que, en ocasiones, ha sido intensamente cuestionado.
Paradójicamente, esta exposición en lugar de desgastarlo, lo favoreció. Por ejemplo, su intervención en el conflicto de los productores de frijol demostró que se mantiene como un mediador válido y eficaz, que goza de la confianza de los interlocutores. En un sistema como el Zacatecano, políticamente fragmentado, en donde la confianza institucional es escasa, mantenerse más de tres años como foco de diálogo, acuerdo y solución es un caso digno de observar.
Sobre la Firma
Estratega político entre gobiernos, campañas y narrativas.
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