miércoles, abril 8, 2026
HomeOpiniónRafael Candelas SalinasEl Dedo en la Llaga | La danza de los números

El Dedo en la Llaga | La danza de los números

RAFAEL CANDELAS SALINAS

En Zacatecas hay cosas que no se miden… se interpretan. Una de ellas es la capacidad o el aforo de la Plaza de Armas.

Ese mismo espacio que todos conocemos, que todos hemos pisado —e incluso fue remodelado quitándole su encanto original para convertirla en una verdadera plancha “ad hoc” para eventos públicos— y que cualquiera podría dimensionar con un poco de sentido común, se ha convertido en un fenómeno digno de estudio, pues su tamaño cambia según quién haga la cuenta.

Para algunos, ahí caben 5 mil personas, para otros, 10 mil, para los más optimistas —o más interesados—, 18 mil, 20 mil… o hasta 40 mil.

Todo depende del cristal con que se mire y del interés.

Hemos sido testigos, una y otra vez, de cómo los números bailan al son que cada quien les toque. En eventos políticos, los organizadores siempre ven llenos históricos; los opositores, por supuesto, reducen todo a una asistencia discreta; y la prensa tratando de mediar. Tres versiones para un mismo evento; tres realidades que no coinciden, pero que se defienden con la misma seguridad.

El caso más reciente es el del Festival Cultural de Zacatecas. La versión oficial asegura que más de 18 mil personas asistieron al concierto de Alondra de la Parra. Y eso que la plaza tenía un escenario de gran formato, gradas y sillas, es decir, menos espacio disponible, por lo que algunos señalan que cuando mucho hubo 5 mil personas, eso sí, todos entusiasmados bailando el Mambo y entonando la Marcha de Zacatecas, pues de la calidad del concierto, de la Orquesta Filarmónica de las Américas y desde luego de Alondra de la Parra, no hay duda.

Pero volviendo al tema de la elasticidad con que se calculan los asistentes a un evento, digamos que esto no es exclusivo de Zacatecas, seguramente se da en todas las plazas y el mejor ejemplo es el Zócalo de la Ciudad de México, ese otro gran termómetro político del país, en que ocurre exactamente lo mismo.

Hace apenas unos días, en una marcha impulsada por jóvenes —la llamada generación Z—, el oficialismo habló de apenas 40 mil asistentes (todos manipulados según esa versión por la derecha internacional), otros de 60 mil y algunos más estiraron la cifra hasta los 80 mil.

Poco después, en ese mismo lugar, en un evento con aforo similar pero convocado por Claudia Sheinbaum y su movimiento, las cifras volvieron a bailar, desde 60 mil según estimaciones más prudentes, hasta más de 100 mil de acuerdo con los organizadores.

Mismo lugar, distintos números, misma historia.

Y si nos regresamos unos años a la Plaza de Armas, también se dijo que en eventos de Andrés Manuel López Obrador hubo 20 mil asistentes, y en uno de Enrique Peña Nieto hasta 40 mil. Es cierto, en esos casos la multitud se desbordaba hacia la avenida Hidalgo, pero aun así, las cifras parecen pertenecer más al entusiasmo que a las matemáticas o la geometría.

Queda claro pues, que la magia de la Plaza de Armas no tiene solo que ver con su belleza y majestuosidad, sino también, con su elasticidad para albergar asistentes, pues cuando conviene, la misma plaza que se magnifica, también se encoge, pues para los más estrictos no caben más de 5 mil de pie, o apenas 3 mil con sillas.

Entonces, ¿en qué quedamos?

La respuesta es incómoda, pero evidente, aquí los números no describen la realidad, la construyen.

La Plaza de Armas —como el Zócalo— no solo es un espacio público. Es un escenario donde se ensaya, una y otra vez, la misma práctica, ajustar la realidad a conveniencia.

Porque en México no es que las plazas cambien de tamaño… es que los números aprendieron a militar.

Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.

Sobre la Firma

Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
BIO completa

Últimas Noticias